El gas entre las estrellas

El medio interestelar, lleno de surtidores colosales de gas caliente, de vastas burbujas procedentes de las explosiones de estrellas, es mucho más interesante de lo que se pensaba.
Creemos que la Luna es un lugar, pero en realidad es cientos de millones de lugares, un archipiélago de soledades. Se puede ir de los 100 grados bajo cero a los 100 grados sobre cero con un pequeño paso. Podríamos gritar al oído de un amigo, que no nos oiría. Sin una atmósfera que transmita el calor o el sonido, cada rincón de la Luna es una isla en un mar por donde no se puede navegar.
La atmósfera de un planeta hace que su superficie sea un todo unificado. Gracias a ella las condiciones físicas, la temperatura por ejemplo, varían con suavidad. El impacto de un asteroide, la erupción de un volcán, la emisión de gases por la chimenea de una industria suelen tener efectos más allá del pequeño lugar donde ocurren. Los fenómenos locales pueden tener consecuencias globales. Esta propiedad de las atmósferas se ha ganado ahora el interés de los astrónomos que estudian nuestra galaxia, la Vía Láctea.

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