La economía del juego limpio

¿Por qué anteponemos la equidad y la cooperación al egoísmo? Este, a primera vista, parece más racional. ¿Cómo nace la generosidad darwinista? Biólogos y economistas se unen en la búsqueda de una explicación.
Imagínese que alguien le ofrece cien euros. Usted lo único que tiene que hacer es ponerse de acuerdo con otra persona, de la que no sabe nada, en cómo se repartirán el dinero. Las reglas son estrictas. Están en habitaciones distintas y no pueden intercambiar información. Una moneda lanzada al aire decide quién propondrá cómo se reparte el dinero. Le ha tocado a usted. Sólo puede hacer una oferta de cómo se divide la suma; al otro jugador le compete aceptarla o rechazarla. Nada más. El otro conoce también las reglas y la cantidad total de dinero que debe repartirse. Si la acepta, se sella el trato. Si la rechaza, ambos se quedarán sin nada. En los dos casos se acaba el juego. No hay más opciones. ¿Qué haría usted?
Instintivamente, muchos piensan que habría que ofrecer el 50% porque tal división es "justa" y, por tanto, es probable que se acepte. Lo único que puede hacer quien responde es decir sí o no a una cantidad dada de dinero. Si la oferta fuese del 10%, ¿aceptaría usted los diez euros y dejaría que alguien se fuese con 90, o preferiría quedarse sin nada? ¿Y si sólo le ofreciesen el 1%? ¿No es mejor un euro que ninguno? Recuerde que no se puede regatear. Sólo cabe la oferta, única, de quien propone: quien responde puede tomarlo o dejarlo.

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