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Conclusiones del congreso sobre vacunas contra el VIH

Se debaten los logros y fracasos obtenidos, así como las expectativas de futuro, en el desarrollo de una vacuna contra el sida.

El pasado mes de octubre se celebró en Barcelona el congreso «AIDS Vaccine 2013», en el que expertos de todo el mundo presentaron y debatieron los últimos avances científicos logrados en el desarrollo de una vacuna contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Se trataba de la decimotercera edición de la conferencia, la única reunión internacional dedicada específicamente a este tema.

En la ceremonia de apertura, Stanley A. Plotkin, de 82 años, profesor emérito de la Universidad de Pensilvania y «padre» de algunas de las vacunas que utilizamos hoy de forma rutinaria, advirtió a la audiencia que el desarrollo de muchas de las vacunas no fue un camino de rosas; hubo que superar numerosos obstáculos e ir encadenando éxitos y fracasos. No obstante, a escala mundial, las vacunas preventivas han sido las intervenciones con una mejor relación coste-eficacia de la historia de la medicina. Basta recordar el éxito de las vacunas contra la viruela, la poliomielitis, la difteria, la rabia, el sarampión, la rubeola, la hepatitis B o el papilomavirus humano.

También en la ceremonia de apertura, Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de EE.UU. (NIAID, por sus siglas en inglés), autor o coautor de la mayor parte de los avances que se han realizado en el campo del sida desde el año 1981, se preguntó si realmente resultaba necesaria una vacuna preventiva contra la enfermedad. Varias razones podrían hacer que la desestimáramos, entre ellas las dificultades que su desarrollo plantea y la existencia de otros mecanismos de prevención que, utilizados de forma combinada, están empezando a dar buenos resultados. Gracias a estas estrategias, en 2012 la tasa de nuevas infecciones por VIH a escala mundial se redujo más de un 20 por ciento respecto al año anterior. De hecho, hay modelos matemáticos que predicen que tales medidas podrían erradicar la epidemia ya hacia la mitad del siglo XXI. A pesar de ello, el experto argumentó a favor de las vacunas preventivas, porque los programas de prevención actuales que no se basan en ellas están sujetos a múltiples influencias económicas, sociales y políticas, y eventualmente se relajan o dejan de aplicarse, lo que conduce a un rebrote de la enfermedad. El aumento de la incidencia de la malaria en algunos países africanos ofrece un buen ejemplo de ello.

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