Cortesía de Malcolm Burrows

El insecto Issus coleoptratus no puede volar, pero sí saltar. Este diminuto animal pertenece al grupo taxonómico de los Fulgoromorfos. Cuando los investigadores se dieron cuenta de que las patas del I. coleoptratus se movían a solo treinta microsegundos de la sincronización perfecta, quedó claro que contaba con un mecanismo especial en sus extremidades. De hecho, dispone de «engranajes» en la base de sus patas, como descubrió un grupo de biólogos del Reino Unido con la ayuda de un microscopio electrónico de barrido.

Este fulgoromorfo es el primer animal que sabemos que posee unas estructuras en el cuerpo que funcionan como engranajes, los cuales sincronizan el impulso de propulsión de las patas traseras. Los investigadores publicaron el descubrimiento en Science.

El mecanismo parece tener una vida útil muy reducida. A medida que I. coleoptratus pasa del estado de ninfa al de adulto, esos engranajes van desapareciendo. Los despegues del insecto se hacen más rápidos a medida que crece y desarrolla distintas técnicas de salto, dejando atrás los engranajes, como unos ruedines de bicicleta abandonados.

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