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Agbogbloshie, suburbio de Acra, la capital de Ghana, es donde los aparatos electrónicos de Europa van a morir. Ghana recibe al año alrededor de 237.000 toneladas de ordenadores, móviles, televisores y otros artefactos electrónicos, en su mayor parte procedentes de Europa, y con ellos hace de Agbogbloshie uno de los mayores basureros electrónicos de África. Quizá sea ya el más sucio. Se ha ganado la dudosa distinción de figurar junto a Chernóbil y la zona industrial de Norilsk, en Rusia, en la lista del Instituto Blacksmith de los diez sitios más contaminados del mundo. Los trabajadores de Agbogbloshie queman cables eléctricos aislantes para recuperar el valioso cobre que llevan dentro, pero de ese modo liberan plomo y otros metales pesados.

«Todo el mundo quiere un ordenador portátil, quiere los aparatos modernos», decía en una rueda de prensa celebrada el pasado mes de noviembre Jack Caravanos, profesor en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y asesor técnico en Blacksmith. «Se está viendo que parar la generación de basura electrónica es muy complicado, muy difícil.»

El Instituto Blacksmith, junto con la Cruz Verde suiza, confeccionó las nuevas clasificaciones tras examinar más de dos mil sitios de 49 países. Calcula que los contaminantes tóxicos están perjudicando la salud más de 200 millones de personas en los países en vías de desarrollo.

Varios lugares que aparecían en la lista anterior, de 2006, ya no aparecen en la nueva gracias a operaciones de limpieza. En Haina, en la República Dominicana, se ha enterrado en un vertedero especial un suelo muy contaminado con plomo de una planta de reciclado de baterías. Blacksmith considera que se trata del mayor éxito entre los sitios designados en 2006. China e India han desaparecido también de los diez primeros puestos. El Gobierno chino ha cerrado unas 1800 fábricas contaminantes en Linfén, e India ha llevado a cabo una evaluación y saneamiento de sitios contaminados de toda la nación.

Aunque ninguno de los lugares incluidos en la lista se encuentra en EE.UU., Japón o Europa Occidental, en buena medida la contaminación deriva de la forma de vida de los países ricos, señala Stephan Robinson, de la Cruz Verde suiza. Parte nace de la producción de materias primas para la fabricación de bienes de consumo (las tenerías de Bangladesh proveen de cuero para los zapatos italianos que se venden en Nueva York o en Zúrich). Y parte (como es el caso de Agbogbloshie) la generan las cosas que las naciones prósperas ya no quieren.

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