Trampillas, yoyós y billares

Las sorprendentes propiedades de rotación de los sólidos rígidos.

CORTESÍA DE BRUGHARD KREMSER, ROBERT ZELLER GMBH & CO KG/EMPRESA DE DEMOLICIONES DE OFFENBACH

Levante una trampilla unos 30 grados y suéltela. Si no dispone de una, eleve un listón o el palo de una escoba por un extremo y déjelo caer, mientras el otro permanece apoyado en tierra (o se desliza hacia un lado, lo que no afectará demasiado el experimento). ¿Llegará al suelo más rápido que una canica que se precipita desde la misma altura?

Debido a la velocidad con la que sucederá todo, lo ideal sería filmar los acontecimientos y reproducirlos después a cámara lenta. No obstante, si deseamos realizar nuestro experimento con medios más tradicionales, podremos recurrir al siguiente truco: coloque primero una canica dentro de un pequeño cuenco y sitúelo en la parte superior del listón, muy cerca del extremo. Ponga otro recipiente cerca, pero ligeramente desplazado hacia el interior (hacia el eje de giro).

Tras la caída, observará cómo la canica ha ido a parar al segundo cuenco. Dado que solo ha podido llegar allí desde arriba, nuestro experimento demuestra que la pequeña bola (una masa puntual) tarda en caer algo más que el extremo del listón. Como consejo práctico, tal vez pueda conseguir uno de los cubiletes de plástico que, en tiempos de la fotografía analógica, se usaban para guardar carretes. La tapa y el cubo recortado desempeñarán a la perfección la función de cuencos. Solo deberá revestir el recipiente de llegada con un poco de algodón u otro material blando, a fin de evitar que la bola salga volando una vez que el listón toque el suelo.

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