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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2014Nº 448
Apuntes

Biología

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Una bacteria traicionera

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Las bacterias medran por doquier, a nuestro alrededor y en nuestro interior. Unas son inocuas, otras beneficiosas y otras, claro está, causan enfermedades. Por último, algunas, como la abundante Streptococcus pneumoniae, escapan a las clasificaciones: son oportunistas que pueden cambiar de bando con suma rapidez.

En condiciones normales, S. pneumoniae vive en las fosas nasales sin causar problemas de salud. Pero de vez en cuando, en su afán por huir de un peligro coloniza otras zonas del cuerpo y nos hace enfermar. Provoca neumonía, una dolencia grave que supone la principal causa de muerte infantil en el mundo, aunque según matiza Anders Hakansson, microbiólogo de la Universidad de Buffalo, «es un patógeno accidental».

Se sabía que existía un estrecho lazo entre la gripe y la ulterior infección por S. pneumoniae, pero se ignoraba por qué la bacteria se volvía virulenta, por lo que Hakansson y sus colaboradores se propusieron investigarlo.

Descubrieron que el cambio parecía estar desencadenado por la respuesta del sistema inmunitario contra la gripe. Cuando el cuerpo humano aumenta de temperatura y libera hormonas del estrés (como la noradrenalina) para hacer frente al virus de la gripe, la bacteria percibe esas modificaciones en el entorno y reacciona. Los investigadores explican en la revista mBio que S. pneumoniae se propaga desde sus colonias habituales y comienza a expresar genes que causan estragos en las células respiratorias.

La capacidad de S. pneumoniae para captar las hormonas y otras señales de alteración procedentes de las células humanas ejemplifica un fenómeno denominado comunicación entre reinos (en este caso, una bacteria que interpreta señales del reino animal), considerado cada vez más un mecanismo biológico primordial. Hakansson aclara que S. pneumoniae es una bacteria saprófita de los humanos, por lo que resulta lógico que haya desarrollado mecanismos para interpretar los cambios en su ambiente. Como él mismo explica: «Somos el nicho ecológico de esta bacteria».

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