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1 de Enero de 2014
Tecnologías de la información

Una sociedad dirigida por datos

Las huellas digitales que a diario vamos dejando hablan de nosotros mucho más de lo que imaginamos. Podrían amenazar gravemente nuestra privacidad, pero también podrían sentar las bases de un mundo más próspero.

Andrew Moore, Gallery Stock

En síntesis

Los municipios y Gobiernos actuales todavía siguen pautas marcadas hace dos siglos, en la revolución industrial. Los problemas del siglo XXI, como la superpoblación y el cambio climático, exigen un nuevo planteamiento.

Los macrodatos ofrecen ese nuevo enfoque. Las pistas digitales que vamos dejando atrás en nuestro quehacer revelan sobre nosotros más de lo que hubiésemos deseado y constituyen un poderoso instrumento para abordar problemas sociales.

No por ello nos dejará de inquietar el mal uso de esa información. Mientras que el tratamiento de los datos no nos ofrezca una sociedad más segura y próspera, necesitaremos un nuevo acuerdo que nos dé más control sobre ellos.

Mediado el siglo XIX, la veloz expansión urbana vinculada a la revolución industrial provocaba grandes problemas sociales y ambientales. En respuesta a ello, las ciudades crearon redes centralizadas para el suministro de agua potable, energía y alimentos seguros; se facilitaba de este modo el transporte y el comercio, así como un acceso ordenado a la energía y a la atención sanitaria.

Hoy en día, sin embargo, tales soluciones se revelan insuficientes: el tráfico congestiona las ciudades; las instituciones políticas se hallan estancadas y, por encima de todo, tenemos que alimentar y alojar a una población humana que va a sobrepasar los dos mil millones, al tiempo que evitamos los peores efectos del calentamiento global.

Los problemas del siglo XXI exigen un nuevo modo de pensar. Todavía hoy abundan los economistas y sociólogos que aplican conceptos propios de la Ilustración, como mercados y clases, modelos simplificados que reducen las interacciones sociales a reglas o algoritmos sin atender al comportamiento individual de las personas. Es preciso profundizar más para apreciar los finos engranajes de las relaciones sociales. Los macrodatos (big data) nos facilitan medios para semejante tarea.

La tecnología digital permite analizar infinidad de intercambios entre personas acerca de ideas, dinero, mercancías o rumores. En mi laboratorio del Instituto de Tecnología de Massachusetts estudiamos mediante ordenadores los patrones matemáticos subyacentes a tales intercambios; empezamos ya a explicar ciertos fenómenos antaño incomprensibles, como crisis financieras, revoluciones o epidemias. Estos análisis nos ofrecerán sistemas bancarios estables, Gobiernos eficaces y atención sanitaria asequible y eficiente, entre otras ventajas. Pero, ante todo, deberemos apreciar por entero las posibilidades de los macrodatos y configurar un esquema para su uso correcto. La capacidad de seguir, predecir e incluso controlar el comportamiento de individuos o grupos constituye un clásico ejemplo del fuego de Prometeo, que tanto puede salvar como exterminar.

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