Aprender durante el sueño

La actividad del cerebro durmiente se vincula con una mejor retentiva.

[ASLAN ALPHAN/ISTOCK]

Las peculiares ráfagas de actividad cerebral que tienen lugar mientras dormimos, llamadas ejes o husos del sueño, han sido vinculadas desde hace tiempo con la consolidación de los recuerdos recién creados. Ahora, empero, un nuevo estudio ha conseguido enlazar esos picos con lo que aprendemos durante la vigilia.

Esas ráfagas eléctricas que adquieren la forma de trazos altos y agudos en el encefalograma tienden a surgir en las primeras fases del sueño, cuando la actividad cerebral es por lo demás baja. Un estudio publicado en Current Biology muestra que los husos del sueño aparecen sobre todo en ciertas regiones cerebrales que se habían activado antes, cuando los participantes estaban despiertos aprendiendo una tarea asignada. Los husos más intensos de esas zonas se interrelacionan con un recuerdo más fiel al acabar el sueño.

«En cada participante logramos vincular las regiones cerebrales exactas que empleó para aprender con la actividad de los husos durante el sueño», explica el autor principal del estudio, Bernhard Staresina, especialista en neurociencia cognitiva de la Universidad de Oxford.

Él y su equipo diseñaron una tarea que han llamado la «arena de la memoria», en la que cada participante tenía que memorizar los lugares que ocupaban una serie de imágenes en un círculo. Mientras lo hacían, midieron su actividad cerebral con un EEG a través de electrodos aplicados en la cabeza. Los participantes se echaron una siesta de dos horas, al término de la cual memorizaron una nueva secuencia antes de intentar colocar las imágenes en el orden original que habían memorizado antes de dormir.

Durante la siesta se registraron husos más grandes en las regiones del cerebro que habían permanecido activas durante la tarea de memorización que precedió al sueño, zonas que difirieron en cada participante. Esto indica que el patrón de los husos no está programado por defecto en ciertas partes del cerebro, sino que va ligado a los patrones de pensamiento personales. De igual modo, se constató que los participantes que presentaron husos del sueño más marcados en las zonas del cerebro implicadas en la memorización recordaron mejor las posiciones de las imágenes después de la siesta.
Investigaciones precedentes habían señalado que los husos desencadenan cambios en el cerebro que inician el proceso de consolidación y refinamiento de la memoria, en parte mediante el control de la entrada de calcio en determinadas células. Los autores afirman que su estudio es el primero en que se ha medido directamente la actividad cerebral durante el aprendizaje y que avala ese vínculo, además de ser el primero en que se ha asociado la buena retentiva con los husos más marcados situados en zonas que habían permanecido activas durante el aprendizaje, aunque matizan que eso no significa que los husos mejoren directamente la memoria. Staresina explica que en trabajos futuros se examinarán los husos y otra actividad del hipocampo, el nodo principal de la memoria en el cerebro.

Lourdes DelRosso, investigadora del sueño y pediatra de la Universidad de Washington, ajena al estudio, opina que «es un artículo convincente, que avala el papel de los husos en la memoria». Espera que el estudio de estos se extienda a las personas con trastornos del aprendizaje y de la atención, como el TDAH o la dislexia. 

Rebecca Sohn

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