Comida sana para la humanidad y el planeta

La alimentación ideal debería ser nutritiva y no poner en riesgo los recursos naturales. En estos momentos se intenta dilucidar cuál sería la mejor dieta en países como Kenia o Suecia.

En síntesis

El sistema alimentario industrial ya genera un cuarto de las emisiones de gases de efecto invernadero, consume el 70 por ciento del agua y explota el 40 por ciento del suelo cultivable.

Más de 2000 millones de personas presentan sobrepeso u obesidad, pero más de 800 millones no comen lo suficiente o tienen carencias en su alimentación.

La solución a este problema ambiental y de salud mundial pasa por una alimentación más equilibrada y sostenible: menos carne, más verduras y nada de productos ultraprocesados.

Además de esas virtudes, tal dieta debe ser culturalmente aceptable, asequible y no poner en riesgo la subsistencia de las economías locales. Definirla no es una tarea nada fácil.

La costa cercana a Kilifi, al norte de Mombasa, está salpicada de aldeas pesqueras. Las aguas dan allí cobijo a peces loro, pulpos y otras especies comestibles. La paradoja es que los niños de esos lugares rara vez comen los frutos del mar: el plato básico es el ugali (harina de maíz mezclada con agua) y la mayor parte de su alimentación es de origen vegetal. Casi la mitad de la población infantil presenta un retraso en el crecimiento, el doble de la tasa nacional de Kenia.

Lora Iannotti, investigadora de salud pública en la Universidad de Washington en San Luis, y sus colegas kenianos preguntaron en 2020 a los aldeanos por qué no ofrecían a sus hijos los productos de la pesca, pese a que todos vivían de ella. (Los estudios demuestran que el pescado y otros alimentos de procedencia animal mejoran el crecimiento.) Las familias contestaron que les traía más cuenta vender la captura que comérsela.

Así que Iannotti y su equipo están llevando a cabo un experimento controlado. Facilitan a los pescadores trampas modificadas dotadas de pequeñas aberturas por donde pueden escapar los peces inmaduros. Esta medida debería ir mejorando el desove y la salud de un océano y unos arrecifes castigados por la sobrepesca y, en última instancia, aumentar los ingresos, sostiene Iannotti. Además, con la mitad de las familias, el personal sanitario local está realizando visitas a domicilio, demostraciones culinarias y una campaña de envío de mensajes para promover el pescado como alimento infantil, en particular especies autóctonas abundantes y de crecimiento rápido, como el «tafi», o sigano pintado (Siganus canaliculatus), y el pulpo. Los científicos llevarán a cabo un seguimiento para averiguar si esos niños se alimentan mejor y crecen más que los de otras familias que no reciben los mensajes.

El objetivo del experimento, aclara Iannotti, es dilucidar «qué productos del mar podemos escoger que sean saludables tanto para los ecosistemas como para las personas». La dieta propuesta también debe ser asequible y aceptable desde el punto de vista cultural, añade.

Iannotti está lidiando con preguntas situadas en el punto de mira de los investigadores, las Naciones Unidas, los financiadores internacionales y muchos países que pretenden hallar dietas que sean buenas tanto para el ser humano como para el planeta. Más de 2000 millones de personas presentan sobrepeso u obesidad, la mayoría en el mundo occidental. Al mismo tiempo, 811 millones no ingieren las calorías suficientes o tienen carencias nutricionales, sobre todo en los países con rentas bajas o medias. La alimentación malsana provocó más muertes en el mundo durante 2017 que ninguna otra causa, incluido el tabaquismo. Habida cuenta del crecimiento incesante de la población y del gran número de personas que adoptan la dieta occidental, la producción de carne, productos lácteos y huevos deberá aumentar en un 44 por ciento para 2050, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

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