La genialidad de la siesta

Thomas Edison coqueteaba con Morfeo sin caer del todo en sus brazos como forma de estimular la creatividad. Investigaciones recientes indican que ese truco también podría servirnos a los demás.

Thomas Edison se echa la siesta bajo un árbol, en 1921, mientras el presidente de EE.UU. Warren Harding lee el periódico. [EVERETT COLLECTION, INC./ALAMY STOCK PHOTO]

En síntesis

Todo apunta a que durante el sopor que precede al sueño el cerebro experimenta una fase fugaz de intelección y creatividad.

Al parecer, personajes célebres como el inventor Thomas A. Edison, el físico Albert Einstein o el pintor Salvador Dalí habrían sabido aprovechar ese fenómeno.

El estudio del período hipnagógico del sueño podría deparar avances en el conocimiento del cerebro, del pensamiento y de la creatividad.

Sabido es que a Edison le disgustaba el sueño. En una entrevista publicada en 1889 en Scientific American, el brillante inventor de la bombilla incandescente aseguró que nunca dormía más de cuatro horas seguidas. Dormir era una pérdida de tiempo para él.

Es posible que lo aprovechase para espolear su creatividad. Le gustaba echar una cabezada con una esfera de metal en cada mano, de modo que el ruido de la caída le despertaba antes de quedar profundamente dormido. Ese era su modo de recordar lo que uno piensa cuando se adormece, que de lo contrario olvida.

Los investigadores del sueño creen que Edison intuía algo importante. Un estudio publicado hace poco en Science Advances señala que la mente humana experimenta un breve lapso de intelección y creatividad en el estado de semilucidez que precede al sueño, la fase denominada «N1», o primera fase sin movimientos oculares rápidos («sin MOR»). Los resultados apuntan a que, si pudiéramos aprovechar ese estado liminal que caracteriza el entresueño, el estado hipnagógico, podríamos recordar más fácilmente las ideas que nos vienen a la cabeza.

Inspirados por Edison, Delphine Oudiette y su equipo, del parisino Instituto del Cerebro, presentaron a 103 participantes una serie de problemas matemáticos con una regla oculta que permitía resolverlos con gran rapidez. Las 16 personas que de entrada adivinaron la regla quedaron excluidas del estudio. A las demás les concedieron un descanso de 20 minutos durante el cual se relajaron reclinadas mientras sostenían un vaso en la mano derecha. Si se les caía al suelo, tenían que decir qué estaban pensando en ese instante.

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