Las hembras de las aves también cantan

Hacia una ornitología con perspectiva de género.

Una pareja de golondrinas comunes en pleno cortejo. [Duncan Usher/Minden Pictures]

Las hembras de las aves cantan. Esta es la conclusión del estudio que realizamos en 2020 sobre una de las especies de aves más abundantes, con una distribución más extensa y mejor estudiadas de todo el mundo: la golondrina común. A pesar de que existen más de mil publicaciones científicas sobre esta especie, el canto de las hembras de golondrina nunca había sido protagonista de un artículo de investigación. 

¿Por qué es significativo el hecho de haber ignorado el canto de la hembra de esta especie tan común? Pues porque es una demostración de la existencia de un sesgo científico muy arraigado y nos insta a reflexionar sobre su persistencia. 

Desde los inicios de la investigación moderna sobre el canto de las aves, este campo se ha centrado en los llamativos cantos de los machos. La teoría evolutiva clásica supone que, en todo el reino animal, los machos compiten por el acceso a las hembras, lo que ha provocado que en ellos evolucionen rasgos muy exagerados (por ejemplo, los cuernos) que les ayudan en su lucha contra otros machos, además de servirles para atraer a las hembras (como las maravillosas plumas de los pavos reales). Los cantos de las aves pueden servir para ambos propósitos y, aunque los cantos de los machos suelen ser más elaborados que los de las hembras, esto no es, ni mucho menos, universal. De hecho, las hembras de casi el 64 por ciento de las aves canoras cantan, y sus cantos pueden servir para las mismas funciones que las de los machos.

A pesar de lo dicho, muchos investigadores siguen pensando que «el ave macho canta y la hembra elige», razón por la cual la inmensa mayoría de los estudios de campo se han centrado en el canto de ellos. Sin embargo, el canto más frecuente no tiene por qué ser siempre el más importante, de la misma manera que un debate se puede decidir por quién tuvo la última palabra en lugar de por quien habló más. Nuestro estudio sugiere que la evolución de los cantos de las golondrinas hembra es más importante que la evolución de los cantos de los machos a la hora de explicar por qué los cantos de ambos sexos son diferentes. 

Otra razón por la que no se ha prestado la atención debida a las hembras canoras tiene en su origen un sesgo geográfico. Cualquier ornitólogo o especialista que trabaje en los trópicos le podrá confirmar que las hembras cantan, en algunas ocasiones con tanta frecuencia como los machos. Pero los primeros investigadores solían estudiar especies que se encontraban cerca de sus universidades en el hemisferio norte. En muchas aves norteamericanas las hembras o han dejado de cantar o lo hacen ocasionalmente, lo que se explica por la adaptación evolutiva para conservar energía que dedicarán a la migración o a la cría de sus polluelos durante una breve temporada. 

Una última razón por la que no se ha estudiado lo suficiente el canto de las hembras podría ser una cuestión de género. Los hombres han dominado la investigación sobre las aves canoras desde sus inicios. Sin embargo, con la incorporación gradual de más mujeres a este campo, cada vez se estudia más el canto de las hembras. Es más probable que un artículo científico sobre este tema esté encabezado por una mujer que por un hombre. La falta histórica de diversidad en cuanto a la participación en la ciencia puede haber contribuido a que los investigadores trabajen con asunciones que se autorreafirman y que nos impiden adquirir una comprensión global del mundo que nos rodea. 

Para luchar contra estos prejuicios en el canon científico, necesitamos conseguir que la ciencia sea más accesible para todos. Por ejemplo, si logramos que la gente sea consciente de que las hembras de las aves también cantan, haremos que su experiencia en la naturaleza sea más completa y mejoraremos su capacidad para observarla. En muchas especies, incluida la golondrina común, si observamos al macho y a la hembra desde cierta distancia, veremos que se parecen, pero los distinguiremos por los sonidos que emiten. Las golondrinas hembras cantan, principalmente, antes de empezar la fase de reproducción, lo que, por ejemplo, puede ayudar a los observadores ornitológicos a seguir el proceso de anidación de la especie. Iniciativas de ciencia ciudadana como xeno-canto y eBird recogen cada año millones de observaciones y grabaciones de audio realizadas por aficionados. Las personas que estén al día sobre los últimos avances de la ciencia crearán mejores conjuntos mundiales de datos, lo que, a su vez, mejorará la ciencia. 

Los no profesionales realizan mejores observaciones porque no están contaminados por ideas preconcebidas. Una de nosotros (Benedict) da charlas a menudo y ha descubierto que los observadores «expertos» de aves suelen dar por sentado que las hembras no cantan, mientras que los que no son tan profesionales tienden a pensar que sí pueden hacerlo. Las lecciones sobre ciencia auténtica son ideales para atraer a los niños que aún no han asimilado los prejuicios existentes. Otro de nosotros (Wilkins) adaptó nuestra investigación sobre el canto de las hembras para poder dar una clase interdisciplinaria a niños y niñas de entre 10 y 17 años (disponible en galacticpolymath.com). En una ocasión, en una clase de matemáticas para niños y niñas de 10 a 11 años, Wilkins les contó que eran las primeras personas del mundo que analizaban un conjunto de datos de un estudio sobre cómo disminuye el tono vocal de las aves con el tamaño del cuerpo, y los niños empezaron a aplaudir espontáneamente. 

¡Las hembras de las aves cantan! Debemos decirlo con tanta rotundidad porque es un reflejo de los avances de la ciencia a medida que se dispone de nuevos datos y se suman nuevas voces al debate. Esperamos que en el futuro la investigación, la comunicación y la educación trabajen conjuntamente para adquirir más conocimientos sobre nuestra conexión con el mundo natural.

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