Visión post mortem

Restaurada la actividad eléctrica en retinas humanas de cadáveres.

Primer plano de la retina humana. [stanley45/Getty Images]

Pocos hechos biológicos parecen tan irreversibles como la muerte cerebral. Siempre se ha supuesto que, con la muerte, las neuronas mueren con el individuo. Pero un novedoso estudio sobre la membrana repleta de neuronas del ojo está comenzando a cambiar ese dogma.

En el nuevo trabajo, los investigadores restituyeron la actividad eléctrica de retinas humanas (el tejido nervioso fotosensible situado en la parte posterior del globo ocular que está conectado con el cerebro) procedentes de donantes fallecidos poco antes. Este logro, dado a conocer en Nature, mejorará el estudio de las enfermedades oftalmológicas, como la degeneración macular senil, una importante causa de deterioro de la visión y de ceguera. También podría sentar las bases para revivir otros tejidos nerviosos y, tal vez algún día, hacer posibles los trasplantes de retina.

La mayoría de los estudios en este campo se hacen con animales, básicamente con ratones. Pero la retina de este roedor carece de mácula, una región esencial del ojo humano que nos dota de agudeza visual, por lo que no es un modelo ideal. Y el estado del tejido ocular obtenido en las autopsias impide estudiar su funcionamiento, pues casi siempre han pasado demasiadas horas.

 

Así que, cuando en 2019 investigadores de la Universidad Yale demostraron que era posible restaurar una actividad eléctrica rudimentaria en el cerebro de cerdos sacrificados, el logro inspiró a Frans Vinberg, experto en visión de la Universidad de Utah, Anne Hanneken, cirujana retiniana del Instituto Scripps, y sus colaboradores la idea de hacer lo mismo en la retina.

Primero averiguaron cuánto tiempo siguen transmitiendo impulsos nerviosos las retinas de los ratones sacrificados: observaron que lo hacían hasta tres horas después de la muerte y comprobaron que la falta de oxígeno era el principal responsable de la pérdida irreversible de funcionalidad. Luego pasaron a estudiar los ojos de donantes obtenidos poco después de la muerte cerebral o cardíaca gracias a la cooperación con una entidad de donación de órganos. Eran transportados al laboratorio en un contenedor que suministraba oxígeno y nutrientes y allí expusieron la retina a luz tenue al tiempo que medían la actividad eléctrica generada en la membrana. Lograron restablecer esa actividad en las células fotosensibles, llamadas fotorreceptores, así como en las neuronas con las que están enlazadas, siempre que los ojos se hubieran extraído como máximo en los 20 minutos posteriores a la muerte. Por supuesto, Hanneken aclara que los ojos no pudieron ver al no estar conectados a un cerebro. Pero los resultados indican que no solo se consiguió restaurar células retinianas aisladas, sino también la comunicación entre ellas.

«Lo más fascinante de todo es que podría convertirse en un modelo para el estudio de la fisiología visual en la retina humana, tanto en la salud como en la enfermedad y durante el envejecimiento», afirma Joan Miller, jefa de oftalmología en el Hospital de Oftalmología y Otorrinolaringología de Massachusetts y catedrática de oftalmología de la Escuela de Medicina de Harvard, que no ha participado en el estudio. Sin ir más lejos, la investigación de la degeneración macular ha resultado difícil hasta la fecha por no poder disponer de tejido ocular vivo de origen humano. Gracias a esta técnica innovadora, a partir de ahora sería posible estudiar los ojos de donantes con y sin ese trastorno para emprender la búsqueda de tratamientos nuevos.

Los resultados del equipo apuntan a la posibilidad de revivir otros tipos de tejido nervioso. «La retina es una ventana al cerebro, de modo que, si se puede restituir la comunicación en la retina post mortem, me pararía a pensar qué tipo de comunicación sería recuperable en el cerebro», opina Hanneken. El estudio también abre la puerta a los trasplantes de retina, aunque, según los investigadores, todavía queda muy lejos en el futuro.

Este nuevo trabajo ilustra la importancia que revisten para la ciencia básica los tejidos donados. Vinberg concluye: «Estamos sinceramente agradecidos a los donantes y a sus familias. Esperamos que estos resultados animen a más personas a dar el paso y leguen sus órganos y tejidos a la ciencia». 

Tanya Lewis

Este artículo apareció publicado en la sección de Actualidad Científica el 2 de agosto de 2022.

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