Un robot en cada casa

El representante más destacado de la revolución de la informática personal pronostica que se avecina el auge de la robótica.
Imagínese que una nueva rama de la industria acaba de nacer. Las técnicas que aplica desbrozan nuevos campos. Un puñado de grandes empresas, bien implantadas, vende equipos muy especializados a otras empresas. Nuevos fabricantes cuyo número crece deprisa producen juguetes innovadores, aparatos para aficionados y artículos destinados a mercados muy determinados. La fragmentación es grande; hay muy pocos estándares o plataformas comunes. Los proyectos son complejos, el progreso lento y escasas las aplicaciones prácticas. Este nuevo sector industrial despierta grandes ilusiones, pero la verdad es que no se sabe cuándo alcanzará su masa crítica, ni siquiera si llegará a alcanzarla. Pero si lo logra, cambiará el mundo.
El párrafo anterior valdría como descripción de la informática a mediados de los años setenta, por la época en que Paul Allen y el autor fundaron Microsoft. En aquel entonces, la administración de compañías y organismos públicos se confiaba a ordenadores mastodónticos y costosos que se encargaban de la facturación, la contabilidad y demás. Los investigadores de las universidades punteras y de los laboratorios industriales estaban poniendo los cimientos de la era de la información. Intel acababa de presentar el microprocesador 8080 y Atari vendía un popular juego electrónico, el Pong. En los clubes informáticos, aficionados llenos de entusiasmo se esforzaban en imaginar para qué podrían servir los nuevos artefactos.

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