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1 de Julio de 2015
Astronomía

La vida después del Hubble

El ocaso del telescopio espacial Hubble ha suscitado la propuesta de un observatorio aún mayor que el James Webb.

Los crecientes costes del telescopio James Webb (imagen) han hecho que las propuestas para construir observatorios aún mayores, como el Telescopio Espacial de Alta Definición, se reciban con escepticismo. [CORTESÍA DE DAVID HIGGINBOTHAM, CENTRO DE VUELOS ESPACIALES MARSHALL Y NASA]

Si hubiese que premiar al observatorio más productivo de la historia, el galardón recaería sin duda en el telescopio espacial Hubble. Pero sus días están contados; su órbita y sus instrumentos continúan degradándose y su inevitable final hará mella en la toma de datos astrofísicos y cosmológicos [véase «Veinticinco años del Hubble», por Axel M. Quetz y Uwe Reichert; Investigación y Ciencia, abril de 2015]. Dado que la atmósfera terrestre bloquea buena parte de la radiación ultravioleta e infrarroja, las observaciones en estas longitudes de onda deben llevarse a cabo desde el espacio, donde mora el Hubble. Pero ninguno de los futuros observatorios espaciales de la NASA —el telescopio James Webb, de 6,5 metros, y el WFIRST, un satélite de infrarrojos de 2,4 metros inicialmente concebido para el espionaje— cubrirá todo ese espectro de longitudes de onda. «Cuando el Hubble se vaya, se habrá ido», señala John Mather, premio nóbel y astrofísico del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA. «Y no tenemos nada a mano que haga lo mismo que él.»

Por esa razón, Mather y otros astrónomos han propuesto la construcción de un sucesor enorme, con un espejo de entre 10 y 12 metros de diámetro; es decir, entre cuatro y cinco veces mayor que el del Hubble. Semejantes dimensiones permitirían abordar varias cuestiones de primer orden, como el estudio de galaxias lejanas, el del sistema solar exterior y la búsqueda de vida en exoplanetas similares a la Tierra. El proyecto ha sido bautizado con el nombre provisional de Telescopio Espacial de Alta Definición, o HDST. Al igual que el Hubble, observaría en el visible, el ultravioleta y el infrarrojo cercano. Haciendo honor a la alta definición de la que presume su nombre, podría resolver estructuras de 300 años luz en galaxias situadas en los confines del universo visible, algo que permitiría entender mejor los procesos de formación estelar y la naturaleza de la materia y la energía oscuras. Además, podría examinar con gran detalle docenas de exoplanetas parecidos al nuestro y buscar en ellos señales de vida extraterrestre. La propuesta fue publicada en un informe de verano de la Asociación de Universidades para la Investigación Astronómica.

No obstante, algunos investigadores vinculados al proyecto temen que, por amplio que sea el interés que despierte un instrumento así, la propuesta está abocada al fracaso, ya que el coste de tales observatorios suele ser tan astronómico como su utilidad. «La NASA se ha vuelto más conservadora desde que empezamos con el Webb», señala Mather, científico jefe de dicho proyecto. Al principio se calculó que el instrumento se enviaría al espacio en 2011 y que costaría unos 1600 millones de dólares. Hoy, el lanzamiento no se prevé para antes de octubre de 2018 y el presupuesto se ha inflado hasta los casi 9000 millones. «Después de que el proyecto estuviese a punto de morir por culpa de los sobrecostes, ya nadie quiere pensar a lo grande», asegura el investigador.

Ningún astrónomo que haya participado en el informe sobre el HDST se aventurará a dar en público una cifra sobre su posible coste, más allá de que resultaría bastante abultada. Los críticos del proyecto, escépticos sobre su viabilidad económica, sugieren que un telescopio de banda ancha algo menor, del tamaño del Webb, se ajustaría mejor a los intereses de la comunidad. Otros sostienen que una nueva generación de observatorios terrestres de 30 metros, ahora en construcción, podría llevar a cabo buena parte de las mismas investigaciones con un coste mucho menor.

Sin embargo, Marc Postman, astrónomo del Instituto Científico del Telescopio Espacial y coautor del informe sobre el HDST, considera poco probable que tales instalaciones sean capaces de abordar las mismas preguntas que un telescopio espacial. Bajo la atmósfera terrestre, incluso los mejores observatorios sufren los efectos de las turbulencias y de la luminiscencia nocturna, una débil luz emitida por las reacciones químicas atmosféricas que corrompe las observaciones delicadas. Además, ni los telescopios terrestres ni el Webb podrán fotografiar e investigar en detalle numerosos exoplanetas, lo que disminuye la probabilidad de encontrar alguno con vida. Para algunas cuestiones, solo un gran telescopio espacial de banda ancha ofrece una oportunidad de dar con la respuesta.

Según los autores del informe, este telescopio de ensueño podría lanzarse al espacio a principios de la década de 2030, pero solo si la NASA y otras agencias espaciales comienzan a planificarlo ya. Aunque parezca un período de incubación excesivo, supondría una notable mejora con respecto al Hubble, cuya historia empezó con un informe visionario que el astrónomo Lyman Spitzer escribió en 1946. En astrofísica, los grandes saltos cualitativos, como los logrados por el Hubble y los que promete su posible sucesor, requieren enormes inversiones no solo de dinero, sino también de tiempo, explica Postman. «Los cambios revolucionarios en el entendimiento del cosmos no llegan con pasos pequeños y graduales», concluye el investigador.

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