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Sobre ética científica, población mundial y mundos archipiélago

CIENCIA Y ÉTICA

El artículo «La edición genética, más precisa», de Margaret Knox [Investigación y Ciencia, febrero de 2015], explica la nueva técnica de edición CRISPR y menciona las inquietudes éticas que genera su posible aplicación. Estas revelan un aspecto muy general de la investigación científica: que debemos ser conscientes de sus implicaciones éticas, sociales y legales.

La mayor parte de las investigaciones pueden tener aplicaciones positivas y negativas, si bien a menudo estas solo son neutras desde un punto de vista ético. No obstante, las regulaciones ex post facto sobre asuntos científicos suelen ser exabruptos reaccionarios que, por lo común, no tienen otra base que el temor a un mal uso de los avances científicos. En el mejor de los casos se toman con información insuficiente y, con frecuencia, acaban dañando la promoción de la ciencia.

Las cuestiones éticas deberían salir a la luz durante las primeras fases de la investigación básica y del desarrollo de nuevas técnicas. Y cualquier regulación resultante debería buscar siempre un equilibrio que tenga en cuenta la posibilidad real de obstaculizar dichas innovaciones.

Dov GreenBaum
Escuela de medicina de la Universidad Yale
Director del Instituto Zvi Meitar
para las Implicaciones Legales
de las Tecnologías Emergentes
Herzliya, Israel

 

¿Y LA POBLACIÓN MUNDIAL?
En «Un rompecabezas global» [Investigación y Ciencia, febrero de 2015], Michael E. Webber explica la necesidad de coordinar los retos en energía, agua y alimentación para garantizar los recursos de una población mundial en aumento. Sin embargo, el primer objetivo debería ser estabilizar la población, ya que, mientras esta siga creciendo, cualquier otra medida no será más que un parche temporal.

Avi Ornstein
New Britain, Connecticut

 

RESPONDE WEBBER: El incremento de la población mundial reviste importancia, pero no tanta como el crecimiento económico: la demanda de alimentos, energía y agua está aumentando más rápido que el número de habitantes, ya que, cuando sale de la pobreza, la gente tiende a consumir más carne y más electricidad —recursos que, a su vez, requieren mucha agua—. El ciudadano chino medio, por ejemplo, gasta una cuarta parte de la electricidad que consume un estadounidense. Pero, a medida que los ingresos del primero aumentan, esa diferencia se reduce. Por otro lado, las ciudades están creciendo, lo que tiende a reducir la natalidad.

Por ello, lo primero debería ser garantizar el acceso a la energía, agua y comida necesarias para llevar a cabo una vida libre y próspera, sin todos los problemas ambientales y de seguridad de los viejos métodos. Además, el impulso político que ello implica (invertir en nuevas tecnologías, rediseñar las relaciones comerciales y fomentar una cultura de conservación) es más sencillo y asumible que los controles demográficos, censurables desde muchos puntos de vista.

 

MUNDOS ARCHIPIÉLAGO
El artículo de René Heller «Más acogedores que la Tierra» [Investigación y Ciencia; marzo de 2015] sobre supertierras concluye que un planeta con océanos más masivo que la Tierra —y, por tanto, con una superficie más plana debido a su mayor gravedad— sería un «mundo de archipiélagos», con un gran número de islas y una mayor biodiversidad.

Sin embargo, al ser menor la diferencia de altitud entre el punto más elevado y el más profundo, un planeta sin accidentes podría convertirse fácilmente en un mundo completamente acuoso, sin tierra firme. La biodiversidad de un planeta de archipiélagos sería más sensible a la cantidad total de agua y al clima que en la Tierra.

J. Carlos Kuruvilla

 

RESPONDE HELLER: Es cierto que, para un radio dado, cuanto más suave sea la superficie de un planeta, menos agua podrá albergar antes de cubrirse por completo de agua. En el caso extremo de un mundo perfectamente regular y con una gran gravedad de superficie, un vaso de agua bastaría para formar un «oceano» de nanómetros de profundidad.

Sin embargo, debido a su gran tamaño, una supertierra debería tener tanto grandes océanos como topografías planas. Un planeta con un radio 1,4 veces mayor que el de la Tierra y con un océano con una profundidad promedio de solo 2 kilómetros albergaría 2000 millones de kilómetros cúbicos de agua, casi el doble que la Tierra. En general, un mundo de archipiélagos podría acoger mucha más agua que nuestro planeta.

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