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1 de Octubre de 2015
Exoplanetas

A la caza de gigantes gaseosos

Dos grupos de investigación intentarán descubrir exoplanetas gigantes mediante una nueva técnica: la toma directa de imágenes. Sus hallazgos podrían cambiar el futuro de la búsqueda de exoplanetas.

EL GRAN ESPEJO: Instalado en el telescopio Gemini Sur, en los Andes chilenos, el instrumento GPI ha sido diseñado para tomar imágenes directas de exoplanetas gigantes gaseosos. [CORTESÍA DEL OBSERVATORIO GEMINI/AURA]

En síntesis

Aunque los astrónomos saben de la existencia de miles de planetas extrasolares, apenas han podido fotografiar un puñado de ellos. Hoy por hoy, las técnicas de búsqueda se basan en métodos indirectos.

Captar la imagen de un planeta permite conocer mejor su composición, clima y habitabilidad. Sin embargo, la mayoría son casi imposibles de distinguir debido a la cercanía de su estrella anfitriona.

La toma de imágenes de planetas semejantes a la Tierra excede la capacidad de los telescopios actuales. Una nueva generación de instrumentos intenta fotografiar gigantes gaseosos similares a Júpiter.

Las nuevas técnicas tal vez permitan descubrir cómo se forman los gigantes gaseosos y de qué manera influyen sobre su entorno. También allanarán el camino para obtener imágenes de planetas rocosos.

En lo alto de los remotos Andes del centro de Chile, el firmamento brilla tanto que cuesta distinguir las constelaciones, engullidas por enjambres de estrellas más tenues. A pesar de la bella panorámica, tan familiar como extraña, hay algo que preocupa a Bruce Macintosh en esta noche de mayo de 2014. Incluso aquí, a 2700 metros sobre el nivel del mar, debe conformarse con observar el cielo a través de un océano de aire; el viento arrecia y las estrellas titilan demasiado para sus fines.

Macintosh ha venido a este lugar para descubrir exoplanetas gigantes gaseosos similares a Júpiter, que algunos científicos consideran necesarios para la formación de planetas rocosos y habitables semejantes a la Tierra. Sin embargo, no está interesado en buscarlos como hacen la mayoría de los investigadores, observando durante meses o incluso años estrellas distantes hasta que los sutiles cambios en su brillo o movimiento revelan gradualmente la presencia de un mundo invisible. Macintosh, astrónomo de Stanford, busca una recompensa inmediata: trata de captar verdaderas imágenes de planetas lejanos, verlos como un punto de luz y ser capaz de observar los remolinos gaseosos de su superficie a través de años luz de distancia.

Hay algo más que inquieta al experto. A 600 kilómetros al norte, en otra árida cumbre chilena, Jean-Luc Beuzit intenta hacer exactamente lo mismo. Beuzit, astrónomo del Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble, es amigo de Macintosh y también su rival. El destino y la financiación han querido que ambos coincidan en las montañas chilenas para rastrear el cielo en busca de otros planetas, a fin de averiguar si el nuestro es algo tan común como la suciedad o una rareza cósmica.

La herramienta escogida por Macintosh para esta carrera astronómica es un equipo de óptica y sensores del tamaño de un automóvil y varios millones de dólares llamado Generador de Imágenes de Planetas Gemini (GPI, por sus siglas en inglés). Se encuentra instalado en el inmenso espejo de ocho metros del telescopio Gemini Sur, un disco de vidrio plateado que ocuparía la octava parte de un campo de baloncesto. Beuzit emplea un conjunto de artilugios aún mayor, del tamaño de una furgoneta, denominado SPHERE, acrónimo de Instrumento para la Investigación Espectropolarimétrica de Alto Contraste de Exoplanetas. SPHERE está montado en otro telescopio de ocho metros, perteneciente al conjunto VLT del Observatorio Europeo Austral. Ambos proyectos necesitaron más de una década para su desarrollo, pero comenzaron a funcionar con un intervalo de pocos meses. Desde sus remotos emplazamientos, los dos instrumentos estudian principalmente las mismas estrellas con el mismo objetivo: lograr las primeras instantáneas de gran calidad de un júpiter extrasolar.

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