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1 de Octubre de 2015
Etología

Animales en red

En especies muy diversas, las relaciones sociales ejercen una profunda influencia en el comportamiento del individuo y del grupo.

LA RED SOCIAL refuerza e influye en innumerables aspectos, como las posibilidades de apareamiento del saltarín colilargo, el aseo de los macacos (ilustración) o la predisposición de algunos delfines mulares a cooperar con pescadores brasileños en la pesca de la lisa. [JOE MCDONALD, GETTY IMAGES]

En síntesis

A semejanza de la vida humana, la existencia de numerosos animales transcurre inmersa en complejas redes sociales que influyen en el comportamiento del individuo y del grupo.

El análisis de esos sistemas animales se está llevando a cabo con técnicas concebidas para el estudio de las redes sociales humanas.

La estructura de las redes animales resulta determinante en las posibilidades de apareamiento, la propagación de enfermedades y la difusión de información, así como en la enseñanza de estrategias de supervivencia.

El análisis de esas redes demuestra que algunos individuos desempeñan un rol destacado en el mantenimiento del bienestar de la colectividad.

Buena parte de la existencia humana está condicionada por quienes integran la red social de cada persona: confiamos en la familia, en los amigos de nuestros amigos, en los compañeros de trabajo y en sus contactos para estar al corriente de todo, desde qué libros leer hasta a quién votar o a qué trabajos dedicarse. Pero no somos los únicos con esa dependencia: las redes sociales también influyen en las experiencias diarias y, por ende, en la supervivencia de los individuos de numerosas especies animales. Se sabe desde hace décadas que los chimpancés y otros primates presentan una vida social compleja. Pero estudios recientes han revelado que las actividades de aves, delfines y otras especies solo adquieren pleno sentido en su contexto social. Tales hallazgos podrían repercutir en incontables ámbitos, desde los programas de conservación hasta la comprensión de las redes sociales humanas.

Y los estudios zoológicos, que tan a menudo acuden a técnicas prestadas del examen de la conducta colectiva humana, podrían aportar datos novedosos que ayudaran a plantear nuevas investigaciones en nuestra especie.

POR QUÉ ANALIZAR LAS REDES
Los estudiosos del comportamiento animal, o etólogos, necesitaron tiempo y nuevas formas de pensar para tomar conciencia de la importancia de las redes sociales en el reino animal.

En los años treinta del siglo XX, el premio nóbel Konrad Lorenz publicó sus hoy célebres estudios donde describía la impronta de los gansos, el vínculo emocional instintivo que traba el neonato con el primer cuidador que encuentra en un período crítico del crecimiento. Pronto la idea de que la mayoría de los animales eran esencialmente autómatas, dotados de un comportamiento programado y estereotipado (controlado por los genes), se convirtió en dogma.

Pero no tardó en repararse que los factores externos interaccionaban con la programación genética. Esto es, lo innato (genes) más lo adquirido (ambiente) rigen el comportamiento animal. Aunque esta fórmula pueda parecer completa, no resulta demasiado útil, puesto que ambos sumandos abarcan casi cualquier tipo de influencia imaginable.

Se comenzó a estudiar el modo en que el aprendizaje basado en la prueba y el error modelaba el comportamiento. Las conclusiones extraídas, unidas a las observaciones de los naturalistas de campo, obligaron a reconocer que los animales eran mucho más inteligentes de lo que se pensaba: los chimpancés y los cuervos fabrican y manipulan herramientas; los loros resuelven problemas con la lógica; y los elefantes desarman cercas eléctricas lanzando piedras. En el curso del estudio de esa inteligencia manifiesta, se comenzó a observar que algunos animales gregarios adquirían comportamientos nuevos imitando a sus semejantes. Y un miembro del grupo podía percatarse de que estaba siendo vigilado por otros que intentaban obtener información de él.

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