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El impacto de pequeños asteroides contra la Tierra

¿Cuánto nos protege la atmósfera de la caída de cuerpos rocosos provenientes del espacio? Nuevos modelos permiten estudiar aquellas excepciones que podrían suponer un riesgo a escala local.

VECINOS INQUIETANTES: Algunos asteroides orbitan más cerca de la Tierra de lo que nos gustaría. Esta imagen muestra la trayectoria típica de un asteroide cercano a la Tierra (NEA, azul) y la de uno potencialmente peligroso (PHA, rojo). Hasta la fecha se han detectado más de 1600 de estos últimos. Además del riesgo de colisión contra ellos, sus fragmentos también representan un peligro potencial. [NASA/JPL-Caltech]

Hace tiempo que los expertos dedican grandes esfuerzos a prever el impacto de asteroides contra nuestro planeta. En los últimos años, los diferentes programas de seguimiento han detectado 1608 asteroides potencialmente peligrosos (PHA, por sus siglas en inglés), 154 de los cuales presentan un diámetro superior al kilómetro. Además del seguimiento de tales objetos, otro reto consiste en monitorizar grandes bólidos meteóricos para identificar y cuantificar el peligro asociado a sus fragmentos. La Unión Astronómica Internacional denomina a estas rocas «meteoroides», las cuales tienen, por definición, un diámetro máximo de diez metros (aquellas mayores siguen llamándose asteroides). Por lo general, la atmósfera terrestre actúa como un eficiente escudo protector contra pequeños asteroides. Sin embargo, en ocasiones estos cuerpos logran abrirse paso hasta la superficie terrestre, llegando incluso a excavar un cráter. El 15 de septiembre de 2007, por ejemplo, una roca de al menos tres metros de diámetro cayó en la región de Carancas, en Perú, donde excavó un cráter de casi 15 metros.

Desde nuestro grupo de investigación en el Instituto de Ciencias del Espacio, en Barcelona, contribuimos al seguimiento de asteroides potencialmente peligrosos y coordinamos esfuerzos para estudiar el riesgo asociado al impacto de cuerpos menores. Un campo de creciente interés persigue establecer una relación entre estas rocas y los asteroides próximos a la Tierra (NEA). Sin embargo, tales asociaciones no resultan fáciles de obtener, ya que los objetos de menor tamaño se encuentran sometidos a todo tipo de procesos que desestabilizan sus órbitas.

A pesar de todo, hace poco descubrimos que el meteorito Annama, caído el 19 de abril de 2014 en la península de Kola, en Rusia, presentaba una órbita asociada a 2014 UR116, un asteroide potencialmente peligroso de unos 400 metros de diámetro. Con anterioridad, y a partir de estudios realizados desde la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoritos (www.spmn.uji.es), habíamos encontrado un vínculo entre meteoroides registrados en su fase de bólido (el momento en que entran en la atmósfera y generan un rastro brillante) y varios asteroides, como el potencialmente peligroso 2002 NY40, de unos 800 metros de diámetro.

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