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El reto de enseñar evolución a estudiantes musulmanes

Una oportunidad para fomentar el pensamiento crítico y libre.

CORTESÍA DE RANA DAJANI

El rechazo de las sociedades musulmanas hacia determinadas ideas científicas como la teoría de la evolución ofrece una excelente oportunidad pedagógica. Así lo he comprobado en las clases sobre evolución que imparto en una universidad jordana.

Al principio, casi todos los estudiantes se muestran contrarios a la idea. Aun así, la mayoría están dispuestos a debatirla y al terminar el curso suelen aceptarla. Si estos jóvenes pueden cuestionar un tema académico tan controvertido, también podrán poner en duda otros aspectos de su vida. Una actitud crucial para su desarrollo personal y para convertirse en ciudadanos responsables.

Los estudiantes suelen quedar muy sorprendidos. Si bien ven que me cubro con un hiyab —saben, por tanto, que soy musulmana practicante—, oyen que acepto la evolución como un mecanismo para explicar la diversidad y el desarrollo de las especies, y cito a Charles Darwin como un científico que ha contribuido a nuestra comprensión del origen y la diversificación de la vida en la Tierra.

Algunos alumnos se quejaron a la universidad de que su maestra predicaba contra el islam. Pero las autoridades se mostraron satisfechas al saber que la fuente de mi material didáctico eran libros de texto aprobados por el centro. Felicité a los que habían protestado, por atreverse a defender aquello en lo que creían, y les invité a discutir juntos sus inquietudes.

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