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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2015Nº 469

Oceanografía

Olas destructivas en el Ártico

Desde hace un tiempo, el Ártico está experimentando gigantescas olas que rompen el hielo. Las repercusiones climáticas y ecológicas del fenómeno podrían ser de largo alcance.

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En 2014, el mar de Chukchi vivió un verano fuera de lo común. Las aguas árticas, que desde tiempos históricos permanecen congeladas durante gran parte del año, presentaban una inusual carencia de hielo. Su escasez fue tal que 35.000 morsas quedaron encalladas en la costa noroccidental de Alaska al no encontrar témpanos de hielo desde los que alimentarse. Una mañana de septiembre, a bordo del barco de investigación Norseman II, a cientos de kilómetros mar adentro, el oceanógrafo Jim Thomson reparó en otra peculiaridad: algunos de sus compañeros de expedición se mareaban.

Las náuseas son un percance habitual en los viajes por alta mar, pero no en la región donde convergen el mar de Chukchi y el de Beaufort. Por lo general, en esa zona no hay espacio para que pueda generarse oleaje. No obstante, la embarcación se veía sacudida por enormes olas de 4,5 metros que estallaban sobre la cubierta. El mar se hallaba tan agitado que no resultaba seguro navegar contra del oleaje, por lo que el capitán tuvo que orientar la nave a su favor. Cuando Thomson, marinero experimentado, vio a sus compañeros tambalearse con cara de estar a punto de arrojar las entrañas, se deleitó con aquella tormenta: había ido en busca de olas y ahí las tenía.

«Eran más grandes que cualquier otra ola que hubiera concebido, medido o de la que hubiera oído hablar en el Ártico», recuerda el investigador. Unos meses antes, había desplegado una pequeña flota de drones acuáticos de observación marina. Aquel día trataba de recuperar uno. «De hecho, las olas más altas registradas durante todo el año fueron las observadas seis horas antes de recobrar el robot», añade.

Esas olas gigantes tal vez permitan explicar un inquietante misterio: ¿qué está causando la rápida desaparición del hielo ártico? Los modelos climáticos, ajustados con los datos sobre el calentamiento global, predicen una tasa de deshielo más lenta que la observada. Así que, o bien los modelos fallan, o bien ocurre algo más. Thomson y otros científicos creen que la solución al problema podría guardar relación con las olas. El deshielo provocado por el cambio climático concede al oleaje más espacio donde crecer, lo que genera olas que golpean el hielo y lo fragmentan hasta hacerlo desaparecer. En 2012, cuando Thomson lanzó otras boyas robóticas similares, una enorme ola sacudió una de ellas y la levantó 7,5 metros.

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