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1 de Octubre de 2015
Neurociencia

Sordera oculta

Los martillos neumáticos, los conciertos y otras fuentes de ruido cotidianas pueden causar daños irreversibles en el oído de un modo inesperado.

BRIAN STAUFFER

En síntesis

Los ruidos fuertes embotan los oídos y causan zumbidos, pero se solía creer que el oído era capaz de recuperarse sin secuelas.

Los niveles altos de ruido pueden causar daños permanentes en las fibras nerviosas que transmiten el sonido hasta el cerebro.

La pérdida oculta de audición permite al afectado escuchar sonidos pero no entender lo que dice su interlocutor.

Una solución a este problema ubicuo podría ser un fármaco que facilitara la recuperación de las fibras nerviosas dañadas.

Las aficiones de los Seahawks de Seattle y los Chiefs de Kansas City compiten en sus respectivos estadios por lograr el récord Guinness del estadio más estridente. El 1 de octubre de 2014, los Chiefs consiguieron la marca más alta: 142,2 decibelios (dB). Esa intensidad equivale a la del estruendo de un avión reactor que sobrevuele a treinta metros de altura, un ejemplo arquetípico de lo que los especialistas en audición consideran un ruido más que suficiente para causar lesiones auditivas. Acabado el encuentro, los hinchas no ocultaban su euforia. La experiencia había sido francamente divertida y salieron del estadio con los oídos zumbando y la sensación de que los tímpanos iban a estallar de un momento a otro. Pero lo que les estaba sucediendo a sus oídos no era nada divertido, en absoluto.

Si antes y después del partido se hubieran sometido a una prueba de audición, habrían mostrado un deterioro notable. El sonido más tenue que un aficionado podía oír antes del saque inicial, como unas palabras susurradas, habría resultado inaudible llegado el medio tiempo. Y después del pitido final, el umbral de audición se habría elevado hasta unos 20 o 30 dB. A medida que el zumbido de los oídos mengua con los días, el resultado de la prueba de audición, el audiograma, suele recuperar los valores normales y la capacidad para oír sonidos tenues se restablece.

Durante tiempo se pensaba que, cuando los umbrales recuperaban la normalidad, el oído también lo hacía. Pero hace poco hemos demostrado que esta suposición resulta falsa. Las exposiciones que provocan un aumento de los umbrales, aunque solo sea temporal, pueden causar daños inmediatos e irreversibles en las fibras del nervio auditivo, el cual transmite la información acústica al cerebro. Si bien ese daño tal vez no afecte la detección de los tonos, tal y como indica el audiograma, sí puede alterar la capacidad para procesar las señales más complejas. Este trastorno, descrito en tiempo reciente, se ha denominado sordera oculta porque un audiograma normal puede no reflejar el daño nervioso y el deterioro auditivo asociado.

Si la persona sigue poniendo a prueba sus oídos, las fibras nerviosas acabarán perjudicadas. De hecho, ese daño puede contribuir al deterioro gradual de la capacidad de discriminar las sutilezas del habla en las personas de mediana edad y en los ancianos. La sordera oculta, empero, no se limita a los mayores. Las últimas investigaciones indican que cada vez afecta a los más jóvenes de nuestra sociedad industrial debido a su elevada exposición a sonidos fuertes, unos evitables y otros no.

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