ADN antiguo conservado en el suelo

La recuperación de este material genético tal vez haga reescribir nuestro conocimiento sobre la última glaciación.

ALAMY

A partir de restos óseos y dentales se había deducido que los últimos mamuts de la cuenca del Yukón debieron desaparecer hace unos 12.000 años. Pero una novedosa técnica de obtención de muestras genéticas apunta a que estos colosos podrían haber sobrevivido hasta fechas muy posteriores, compartiendo la tundra ártica con los bisontes y los uapitíes varios milenios más. El relato se conserva en el suelo.

 Los huesos constituyen una fuente excelente de información genética prehistórica, pero no la única; restos biológicos que van desde las células de la piel desprendidas durante la glaciación hasta acículas de pino pueden contribuir al registro genético que se conserva en el barro. Los paleogenetistas llevan mucho tiempo extrayendo y analizando «ADN ambiental» obtenido del suelo, pero deshacerse de todo lo sobrante sin destruir los frágiles vestigios de ADN es una tarea abrumadora.

«Las muestras ambientales contienen una enorme cantidad de sustancias que dificultan la purificación del ADN que nos interesa. Y no podemos permitirnos el lujo de perder ni una brizna del que tenemos», afirma Tyler Murchie, genetista de la Universidad McMaster. En un trabajo publicado en Quaternary Reports,él y su equipo describen técnicas menos drásticas con las que se recuperan hasta 59 veces más material genético que con otros métodos.

Con la nueva técnica, las muestras de suelo se someten al proceso de extracción con un cincel esterilizado y se fragmentan en trozos más pequeños, se agitan y se someten a una centrifugación en frío para separar la mayor cantidad posible de ADN. A continuación, este se confronta con una colección de secuencias de ADN, o genoteca, para detectar coincidencias con una especie conocida.

«Con estas técnicas no solo obtenemos más cantidad de ADN, sino que este es más diverso», aclara Chris Widga, paleontólogo de la Universidad Estatal de Tennessee Oriental, ajeno al nuevo estudio. «Comenzamos a conseguir más matices, parece que realmente hay posibilidades de registrar segmentos más amplios del ecosistema.»

La gran panorámica se obtiene a partir de muestras pequeñas, explica Murchie: «Gracias a la combinación de nuestras innovadoras técnicas de extracción y enriquecimiento, conseguimos genomas enteros de varias especies extintas al mismo tiempo, todo con menos de un gramo de sedimento».

Pero no todo son ventajas: la metodología adolece de limitaciones, pues requiere saber qué ADN se va a buscar. Si, por ejemplo, la genoteca no contiene una especie de felino con dientes de sable, el análisis no puede detectarlo. En cambio, el proceso puede brindar información sumamente interesante de las especies conocidas. En su estudio, los autores detectaron alrededor de 2100 tipos de plantas y 180 de animales, entre ellos caballos americanos y mamuts lanudos, en muestras de suelo datadas miles de años después de su presunta extinción.

Los datos de otros yacimientos, aún no publicados, están arrojando resultados parecidos, adelanta Murchie, y los futuros descubrimientos de fósiles podrían reforzar los argumentos. «Este enfoque nos servirá para identificar especies en lugares y en momentos que ni siquiera habríamos sospechado, lo que nos orientará hacia la búsqueda de sus restos en zonas que no se nos habría ocurrido nunca examinar», añade.

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