Climatología histórica

Inundaciones en la región mediterránea española

La larga historia de ocupación humana en la zona y sus condiciones climáticas particulares han determinado la gravedad de los episodios.

En esta crónica manuscrita se describe la intensa lluvia que cayó el 27 de agosto de 1389 en la ciudad de Barcelona y que provocó distintos daños, como el derrumbamiento de una parte de la muralla de la ciudad, de parte del monasterio de San Damián, hoy desaparecido, y de varias casas. [«CRÒNICA DE MASCARÓ». Biblioteca de Cataluña, Sección Manuscritos, Ms. 485, fol. 293r/creative commons/dominio público]

La preocupación por el cambio climático y sus impactos en el planeta es creciente, no solo a causa del incremento de las temperaturas, sino también de la mayor frecuencia de los episodios meteorológicos extremos, entre ellos las lluvias torrenciales. Dada la incertidumbre de la variabilidad climática, un conocimiento clave que ayuda a desarrollar estrategias de prevención y mitigación frente a estos episodios es la reconstrucción del clima del pasado. Además de diferentes fuentes de información paleoclimática, como los registros sedimentarios y glaciológicos, o los anillos de crecimiento de los árboles, también son de enorme utilidad las fuentes documentales manuscritas y preservadas en archivos históricos.

Numerosos grupos de investigación europeos hemos empleado fuentes documentales y bibliográficas para analizar las lluvias extraordinarias y las inundaciones que estas provocaron en los últimos 500 años, según se detalla en el trabajo encabezado por Günter Blöschl, de la Universidad Técnica de Viena (reseñado aquí).

Los datos correspondientes a la cuenca mediterránea española han sido analizados por un equipo multidisciplinar de físicos, geólogos, geógrafos, historiadores y economistas, entre los que figuran investigadores de nuestro grupo. Hemos extraído información de libros de actas de autoridades municipales y eclesiásticas, así como de dietarios y libros de memorias privados. También hemos utilizado fuentes impresas, en concreto prensa local, historias locales o informes técnicos.

Afortunadamente, la información básica que hemos obtenido de las diferentes fuentes no presenta apenas variaciones a lo largo del tiempo. Son especialmente constantes las actas municipales de los siglos XIV al XVIII, los informes de autoridades locales de los siglos XIX y XX o la información que aparece en los medios digitales y las redes sociales en el siglo XXI.

Los datos que hemos recuperado para analizar los episodios de inundación son diversos: fecha, duración y localización de los desbordamientos; condiciones meteorológicas (tipo, duración y extensión de la lluvia); impactos directos en infraestructuras con descripción y valoración de los daños en la población (problemas de movilidad, interrupción del suministro de electricidad, gas o agua); informaciones cuantificables que permiten la modelización hidráulica (cotas de agua alcanzadas, perímetro de las zonas inundadas y otros aspectos indirectos, como deslizamientos de tierras o rebosamientos); daños personales —aunque actualmente se registran con detalle, en el pasado no era así—.

El análisis de estos datos nos ha permitido identificar y catalogar 15.661 inundaciones entre 1035 y 2020 en la cuenca mediterránea española. Según los resultados, hemos distinguido cuatro períodos con una alta frecuencia de inundaciones: de 1580 a 1620 y de 1840 a 1880, ambos vinculados a condiciones relativamente frías; y de 1760 a 1800 y de 1982 a la actualidad, vinculados a condiciones relativamente cálidas. Estos cuatro períodos coinciden con los detectados en otras regiones europeas, que por su parte tienen otros períodos de alta frecuencia de inundaciones que afectan solo al centro o al norte del continente.

Bajo las condiciones cálidas, las precipitaciones torrenciales ocasionan a menudo inundaciones relámpago (flash-flood). Están provocadas por lluvias muy intensas y de corta duración en zonas localizadas en donde los sistemas fluviales deben evacuar un gran caudal de agua en muy poco tiempo. En la actualidad, los efectos de las inundaciones relámpago se ven agravadas por una mayor presión demográfica y urbanística en el territorio, la cual ha provocado la proliferación de nuevas zonas inundables.

En las fases frías, por otro lado, los archivos nos refieren situaciones que pueden ser incluso peores, con lluvias de efectos catastróficos, tanto en magnitud como en extensión. Las inundaciones pueden producirse en múltiples cuencas simultáneamente, como las de enero de 1626, que afectaron desde el Guadalquivir hasta el Duero, o las del Any del Diluvi («Año del Diluvio»), que asolaron la cuenca mediterránea desde Murcia hasta el Rosellón en noviembre de 1617.

Pero los datos históricos nos demuestran que la atmósfera puede sorprendernos. En una fase cálida, aparte de las inundaciones relámpago, pueden producirse episodios de efectos devastadores y de gran extensión, como el de finales de septiembre de 1787, que destruyó miles de viviendas en la cuenca del Ebro, entre Sangüesa y Tortosa. Y en las fases frías también puede haber inundaciones relámpago, como el Aiguat de Santa Tecla («Agüacero de Santa Tecla») en el prelitoral catalán, que el 23 de septiembre de 1874, tras cuatro horas de precipitación, dejó 535 fallecidos.

La recopilación de información a partir de documentos históricos resulta de gran valor a la hora de describir tendencias en el clima, un conocimiento que puede ayudarnos a responder a futuros episodios extremos.

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