La diversificación de las aves

La diversidad de las aves modernas raya lo increíble. Un nuevo estudio matiza cómo alcanzaron supuestamente ese gran éxito evolutivo.

La diversidad de las aves modernas, aquí representada por el pito crestado (1), la espátula común (2), el jilguero yanqui (3) y el pelícano común (4), ha sido atribuida a un episodio fulgurante de radiación adaptativa que habría ocurrido en el período posterior a la extinción masiva del final del Cretácico. Sin embargo, nuevas investigaciones apuntan a que esa variedad magnífica sería el fruto de un proceso de evolución lento y gradual. [BRIAN LASENBY, GETTY IMAGES (1); GETTY IMAGES (2); GARY CARTER, GETTY IMAGES (3); TASHINA VAN ZWAM, GETTY IMAGES (4)]

En síntesis

Las aves conforman el grupo de vertebrados terrestres más diverso, con cerca de 10.000 especies. Además, son el último linaje descendiente de los dinosaurios.

Hasta ahora semejante diversidad se atribuía a un proceso de evolución explosivo, desatado tras la extinción de los dinosaurios y de buena parte de las demás formas de vida terrestres.

Un novedoso estudio de anatomía comparada plantea ahora que la evolución del cráneo aviar fue en realidad más lenta que la de los dinosaurios.

El pasado mayo, cuando quedó claro que permanecería recluida una larga temporada en casa por culpa de la pandemia, me inicié en una afición que no había despertado mi interés hasta entonces: la observación de aves. Limpié y llené de semillas el comedero para pájaros del jardín, que tenía descuidado desde hacía tiempo, desempolvé los prismáticos que guardaba en el sótano y comencé a tomar el café cada mañana al aire libre. Poco a poco progresé en el reconocimiento de los visitantes, prestando atención al tamaño, el color del plumaje, la forma del pico o el canto. Llegué a anotar hasta 39 especies en los límites de mi jardín, en las afueras de la ciudad. Aquellas horas de observación —en las que contemplé cómo los jilgueros se congregaban en el comedero, los picamaderos tamborileaban en los troncos, los pavos desfilaban gallardos por el césped y los colibríes gorgirrubíes zumbaban por encima de sus flores favoritas, mientras los busardos hombrorrojos sobrevolaban en círculos en lo alto— me ofrecieron una nueva perspectiva sobre su diversidad. Y aquella era solo una brizna de su riqueza. Con más de 10.000 especies vivientes, son el grupo de vertebrados terrestres más diverso del planeta. ¿Cómo han alcanzado esa diversificación espectacular?

Las aves son el último linaje superviviente de los dinosaurios. Surgieron en el período Jurásico, hace entre 200 y 150 millones de años, de los terópodos, un grupo de carnívoros bípedos entre los que destacan el colosal Tyrannosaurus rex y el grácil Velociraptor. Durante decenas de millones de años las aves evolucionaron en paralelo con otros dinosaurios, diversificándose en seres voladores emplumados, de crecimiento rápido y talla pequeña, junto con algunas formas no voladoras de gran peso. Un grupo, el de las neornitinas, o «aves nuevas», que se distinguen por la fusión del tarso y del metatarso y por ciertos rasgos del esqueleto alar, acabarían dando lugar a las aves modernas.

Los científicos han tendido a ver la moderna diversidad aviar como el resultado de una explosión de actividad evolutiva que tuvo lugar desde el fatídico día en que un asteroide de 10 kilómetros de diámetro impactó contra la Tierra, hace 66 millones de años, aniquilando el 75 por ciento de las especies de flora y fauna, entre ellas los dinosaurios no aviares y la mayoría de los grupos de aves contemporáneas. La causa exacta de por qué solo sobrevivió el linaje de las neornitinas a este apocalipsis se ignora, pero el reciente descubrimiento de un fósil de 66,7 millones de antigüedad en Bélgica, Asteriornis, pariente de las anátidas y las gallináceas actuales, sugiere que el tamaño reducido y el hecho de vivir en entornos costeros pudo ayudar. En cualquier caso, la idea era que, a raíz de la extinción masiva, las neornitinas dispusieron de lugares que colonizar casi por doquier. Sin la competencia de los demás dinosaurios (por no citar a un nutrido número de otros vertebrados que también perecieron, como los pterosaurios, los reptiles voladores que habían dominado el cielo), las aves se diversificaron repentinamente en multitud de formas hasta ocupar los numerosos nichos ecológicos vacantes.

Ahora, un nuevo análisis pone en duda que tan extraordinaria diversidad pudiera surgir de ese modo. Gracias al estudio de cientos de cráneos de aves y dinosaurios, Ryan Felice, del Colegio Universitario de Londres; Anjali Goswami, del Museo de Historia Natural de Londres, y sus colaboradores han descubierto que, en el período posterior a la extinción masiva, el ritmo de la evolución de las aves en realidad se redujo respecto al de los dinosaurios que las precedieron, en lugar de acelerarse como se suponía. Publicado en PLOS Biology, el artículo revela la tasa evolutiva durante la radiación de uno de los grandes grupos de vertebrados y apunta a los factores que podrían haber desempeñado un papel esencial en la determinación de su curso.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.