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Vermes en la sangre

El peroné de un titanosaurio alberga lo que parecen ser docenas de parásitos minúsculos.

El estado lamentable de un hueso de titanosaurio podría tener su causa en unos parásitos vermiformes. [HUGO CAFASSO]

Hace unos 80 millones de años, en lo que ahora es Brasil, un dinosaurio vagaba cojo. El peroné de una de sus patas estaba tan enfermo que había adquirido una consistencia esponjosa. La alteración habría sido causada por un ser especialmente macabro: un parásito vermiforme que se retorcía a través de sus vasos sanguíneos. La víctima era un titanosaurio de largo cuello.

Aline Ghilardi, de la Universidad Federal de Río Grande del Norte, en Brasil, y sus colaboradores examinaron la superficie del hueso y lo sometieron a una tomografía (TAC) para descartar como causa del mal el cáncer o la tuberculosis. En un primer momento llegaron a la conclusión de que sufría osteomielitis, una rara afección ósea que provoca una intensa inflamación. Pero al examinar cortes finos del fósil bajo un microscopio de gran aumento, hallaron otra posible causa que les sorprendió: dispersos por las cavidades que antaño ocupaban los vasos sanguíneos del tejido óseo había restos fosilizados de lo que parecían ser una setentena de gusanos diminutos, de la longitud de un ácaro del polvo.

«Nos quedamos boquiabiertos. El descubrimiento no tenía precedentes», afirma Ghilardi. Hasta donde sabe, jamás se habían encontrado organismos en huesos fosilizados de dinosaurio. En un artículo publicado en Cretaceous Research, ella y su equipo plantean que esos «gusanos» podrían ser parásitos prehistóricos que habrían causado la infección. No obstante, matizan que la osteomielitis también puede ser provocada por bacterias, hongos y protozoos.

Parásitos vermiformes. [FUENTE: «BLOOD PARASITES AND ACUTE OSTEOMYELITIS IN A NON-AVIAN DINOSAUR (SAUROPODA, TITANOSAURIA) FROM THE UPPER CRETACEOUS ADAMANTINA FORMATION, BAURU BASIN, SOUTHEAST BRAZIL», POR TITO AURELIANO ET AL., EN <em>CRETACEOUS RESEARCH</em>, VOL. 118, FEBRERO DE 2021]


Los filamentos vermiformes recuerdan a otro parásito prehistórico denominado Paleoleishmania, pero son entre 10 y 100 veces mayores. Una investigación que se publicará en breve los compara con un amplio abanico de parásitos.

Pero esa no es la única explicación plausible. «No estoy convencido de que sean parásitos o, si lo son, que tengan algo que ver con el deterioro óseo», afirma Tommy ­Leung, ecólogo y estudioso de la evolución de los parásitos en la Universidad de Nueva Inglaterra, en Australia. Leung no participó en el descubrimiento, pero sí fue el revisor de una versión anterior del artículo.

Si las siluetas vermiformes son realmente seres vivos, pudieron penetrar en el hueso para alimentarse de los restos del dinosaurio, una vez muerto. Pero sus descubridores argumentan que es improbable que eso sucediera, porque no se aprecian fracturas evidentes por las que se hubieran abierto paso.

Las aves y los reptiles actuales sufren los estragos de los parásitos, así que es lógico pensar que también aquejaran a los dinosaurios, afirma el paleobiólogo Paul Barrett, del Museo de Historia Natural de Londres, que tampoco ha participado en la investigación. A su parecer, los objetos fosilizados recuerdan a nematodos.

«Se trata de un estudio sumamente meticuloso, que demuestra que aplicando diversas técnicas, en este caso a un solo hueso, es posible obtener muchísima información sobre la biología de un único dinosaurio», concluye Barrett.

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