De visita en el país de Liliput

Gulliver no pasó tanta hambre como creían los liliputienses. Algunas falacias relacionadas con los cambios de escala.

EMDE-GRAFIK, SPEKTRUM DER WISSENSCHAFT

Cuando Gulliver naufragó y llegó a la isla de Liliput, sus habitantes lo ataron al suelo. Fue una medida de precaución, pues ellos no medían más de seis pulgadas, la duodécima parte de la altura de un humano. Como no deseaban ver morir de hambre a su preso, decidieron llevarle algunas raciones de comida. Pero ¿cuántas?

Para un alargamiento a escala en una proporción de 1 a 12, el volumen se multiplica por 123 = 1728, lo que implica que un humano debería pesar unas 1728 veces más que un habitante de Liliput. Podríamos suponer, por lo tanto, que Gulliver necesitaba ingerir 1728 raciones liliputienses. De hecho, en la novela satírica de Jonathan Swift, el emperador decide proporcionar al prisionero una cantidad de comida equivalente a la de 1724 de sus súbditos. A continuación veremos que a Gulliver bien le hubieran bastado 270 raciones para quedar satisfecho.

En primer lugar, cabe preguntarse la razón por la que necesitamos alimentarnos. «Para que crezcas sano y fuerte», explican los padres a sus hijos. Pero eso no supone sino una parte de la verdad, ya que un adulto no come mucho menos que un niño. Como sabemos, los nutrientes que ingerimos reaccionan con el oxígeno del aire para producir energía. En el caso de un adulto que no realice trabajos corporales demasiado exigentes, la potencia generada ronda un vatio por kilogramo de masa corporal.

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