El karst en evaporitas

Los procesos de disolución en este tipo de rocas, muy solubles, conllevan un elevado riesgo de formación de dolinas.

FRANCISCO GUTIÉRREZ

Los sedimentos evaporíticos se forman fundamentalmente en lagos y medios marinos. Se originan a partir de salmueras, que al evaporarse dan lugar a la precipitación de sales. Estas rocas poseen un comportamiento singular debido a su elevada solubilidad. Un litro de agua destilada llega a disolver hasta 2,4 g de yeso (CaSO4·2H20) y 360 g de halita (NaCl), los minerales principales de las rocas evaporíticas. La geomorfología y la hidrología de los terrenos evaporíticos se hallan en gran medida condicionadas por la actuación de procesos de disolución. Aparecen así las zonas kársticas, con el desarrollo de formas específicas de relieve originadas por la disolución superficial y subterránea. Los paisajes kársticos se caracterizan por la presencia de lapiaces (conjunto de surcos y canales separados por aristas cortantes que se forman en la superficie de las rocas), depresiones cerradas, sistemas de cavidades, manantiales salinos y un drenaje predominantemente subterráneo.

El hundimiento de las cavidades se manifiesta en superficie mediante la formación de dolinas de subsidencia (depresiones cerradas de diversas formas), las cuales pueden causar daños irreversibles en todo tipo de estructuras humanas (edificios, infraestructuras lineales, etcétera). A diferencia de los terrenos calcáreos, en las zonas evaporíticas los procesos de karstificación suelen actuar con gran rapidez, lo que explica la mayor probabilidad de ocurrencia de dolinas en ellas. Por otra parte, tanto las dolinas como las cavidades subterráneas constituyen obstáculos difíciles de salvar a la hora de construir embalses. En España, los afloramientos de formaciones evaporíticas ocupan aproximadamente un 7 por ciento de la superficie. Representa el país europeo donde el riesgo de subsidencia por la disolución de estos materiales conlleva un mayor impacto económico. En un futuro, cabe esperar un aumento de los daños en las infraestructuras como consecuencia de la expansión de algunas urbes, como Madrid, hacia zonas con sustrato evaporítico. Tal y como se ha constatado en diversas regiones del planeta, dicha tendencia podría invertirse mediante la incorporación de investigaciones geológicas en la planificación del territorio.

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