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1 de Septiembre de 2011
Neurociencia

Física de la inteligencia

Puede que la evolución haya desarrollado nuestro cerebro hasta el límite permitido por las leyes de la física.

BROWN BIRD DESIGN

En síntesis

La inteligencia humana podría hallarse próxima a su límite evolutivo. Varias líneas de investigación apuntan a que casi cualquier cambio en nuestro cerebro se toparía con barreras de naturaleza física.

Un cerebro de mayor tamaño aumenta la inteligencia pero solo hasta cierto punto, más allá del cual consume demasiada energía y comienza a funcionar con mayor lentitud. Un «cableado» más extenso ocuparía demasiado espacio.

Neuronas cada vez menores permitirían mayor número de conexiones en el mismo volumen. Sin embargo, existe un punto a partir del cual una neurona no puede reducir su tamaño, ya que entonces la señal se torna demasiado ruidosa.

Santiago Ramón y Cajal asemejaba el funcionamiento del diminuto sistema nervioso visual de los insectos al de un finísimo reloj de bolsillo. En comparación, el de los mamíferos vendría a ser un gran reloj de pie abollado. No deja de resultar humillante que una abeja, con un cerebro de un miligramo, realice tareas como orientarse en laberintos y grandes lugares con una habilidad comparable a la de los mamíferos. El insecto quizá se vea limitado por sus relativamente pocas neuronas, pero lo que parece seguro es que las exprime hasta sacar el máximo de ellas.

En el otro extremo, el elefante, con un cerebro cinco millones de veces mayor, sufre la ineficiencia característica de un vasto imperio: las señales nerviosas tardan cien veces más tiempo en cruzar el cerebro de un extremo a otro o en llegar hasta las patas, lo que obliga al animal a fiarse poco de sus reflejos, moverse con lentitud y dedicar preciosos recursos cerebrales a planear cada uno de sus pasos.

Los humanos, en algún punto intermedio, somos más inteligentes que elefantes y abejas. Pero de lo que poca gente se percata es de que las leyes de la física imponen severas restricciones a nuestras facultades mentales. Los antropólogos han especulado sobre las barreras anatómicas que impedirían que nuestro cerebro pudiese aumentar de tamaño: por ejemplo, un recién nacido con un cerebro mayor quizá no lograse pasar por la vagina de una bípeda. Sin embargo, aunque la evolución solucionase algún día ese problema, persistirían aún obstáculos de una naturaleza mucho más profunda.

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