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La evolución del ojo

Los científicos tienen ahora una visión clara de cómo se formaron nuestros ojos, de una complejidad notable.

DON FOLEY

En síntesis

La enorme complejidad de los ojos de los vertebrados hizo sostener a los creacionistas la idea de que estos órganos no pudieron haberse formado me-
diante selección natural.

Los tejidos blandos rara vez se fosilizan. Pero, mediante la comparación de estructuras oculares y del desarrollo embrionario del ojo en especies de vertebrados, se han realizado importantes descubrimientos sobre el origen del ojo.

Los hallazgos sugieren que nuestro ojo de tipo cámara posee unas raíces muy profundas y que, antes de adquirir los elementos necesarios para operar como un órgano visual, detectaba la luz para modular los ritmos circadianos de nuestros antepasados más antiguos.

El ojo humano es un órgano extraordinariamente complejo. Funciona como una cámara que capta y enfoca la luz para convertirla en una señal eléctrica que el cerebro traduce en imágenes. Pero, en lugar de una película fotográfica, posee una retina especializada que detecta la luz y procesa la señal mediante varias docenas de tipos de neuronas. El ojo es tan intrincado que desde hace mucho tiempo ha sido utilizado como argumento por los creacionistas y defensores del diseño inteligente, que lo consideran un ejemplo

fundamental de lo que denominan complejidad irreductible: un sistema que no puede funcionar en ausencia de alguno de sus componentes y que, por tanto, no pudo haber evolucionado a partir de una forma más primitiva. De hecho, el mismo Charles Darwin reconoció en El origen de las especies (la obra de 1859 donde planteaba su teoría de la evolución mediante selección natural) que la idea de que el ojo se hubiera formado por selección natural pudiera parecer absurda. No obstante, creía con firmeza que el ojo había evolucionado de ese modo, a pesar de que en aquella época se carecía de pruebas de la existencia de formas intermedias.

Desde entonces, no se habían obtenido muchas más pruebas al respecto. Mientras que la evolución del esqueleto se ha podido documentar sin dificultad en el registro fósil, las estructuras constituidas por tejidos blandos rara vez se fosilizan. Y, aun en el caso de que lo hagan, los fósiles no suelen conservar el detalle suficiente para establecer la manera en que evolucionaron esos tejidos. A pesar de ello, los biólogos han realizado hace poco avances importantes en la determinación del origen del ojo: al estudiar la formación del órgano en los embriones y comparar la estructura y los genes de diversas especies, han reconstruido el momento en que surgieron sus características clave. Los resultados indican que el ojo humano (el tipo habitual en los vertebrados) tomó forma en menos de 100 millones de años. Evolucionó desde un sencillo detector de luz para los ritmos circadianos (diarios) y estacionales, hace unos 600 millones de años, hasta un órgano muy refinado desde un punto de vista óptico y neurológico, hace 500 millones de años. Más de 150 años después de que Charles Darwin publicara su revolucionaria teoría, estos hallazgos han dado al traste con la complejidad irreductible y respaldan las ideas del naturalista. También revelan que el ojo, lejos de ser un órgano de diseño perfecto, exhibe varios defectos notables, que representarían las cicatrices de la evolución. La selección natural no produce perfección, contrariamente a lo que algunos pudieran pensar. Se apaña con el material del que dispone, a veces con resultados extraños.

Para comprender el origen de nuestros ojos, hay que tener en cuenta varios acontecimientos muy antiguos, que nos remontan a la aparición de la vida en la Tierra, hace cuatro mil millones de años. Los animales pluricelulares sencillos, surgidos hace unos mil millones de años, divergieron en dos grupos. Uno de ellos poseía un plan corporal de simetría radial (con un lado superior y otro inferior, pero sin parte anterior ni posterior); el otro (que dio origen a la mayoría de los animales) era de simetría bilateral, con un lado que era la imagen especular del otro y con un extremo cefálico. Hace unos 600 millones de años, los organismos bilaterales divergieron, a su vez, en dos grupos importantes: uno dio origen a la inmensa mayoría de los animales actuales carentes de espina dorsal, o invertebrados, y otro a nuestro linaje de vertebrados. Poco después de que esos dos linajes se separaran, proliferó una sorprendente diversidad de planes corporales, la denominada explosión del Cámbrico, que dejó su marca indeleble en el registro fósil de hace entre 540 y 490 millones de años. Aquel estallido de evolución estableció los cimientos para la aparición de nuestros ojos complejos.

 

Este artículo incluye

Un ojo fósil de más de 500 millones de años

    • D. García-Bellido

Un nuevo descubrimiento demuestra que algunos de los primeros artrópodos ya habían adquirido una visión tan desarrollada como la que presentan ciertos insectos actuales.

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