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1 de Septiembre de 2011
Astrofísica

La tabla periódica de las estrellas

El diagrama de Hertzsprung-Russell acaba de cumplir cien años. A pesar de su sencillez, sigue siendo una de las mejores herramientas conceptuales para entender la física estelar.

NASA

La astronomía moderna nos presenta un universo poblado por una gran variedad de estrellas exóticas, desde supergigantes rojas del tamaño de un sistema planetario hasta enanas blancas hiperdensas y menores que nuestro planeta. El descubrimiento de todos esos astros se antoja aún más extraordinario si tenemos en cuenta que, para inferir su existencia, los astrónomos lo hacen a partir de destellos de luz muy tenues, a menudo compuestos por no más que unos pocos fotones. Una de las claves para deducir tanto a partir de tan poco es un sencillo gráfico introducido hace cien años.

En el diagrama de Hertzsprung-Russell (H-R) se representan dos de las propiedades básicas de las estrellas: la luminosidad (o brillo intrínseco) frente a la temperatura superficial (la que se corresponde con su color). En cierto sentido, el diagrama de H-R es a la física estelar lo que la tabla periódica de los elementos es a la química. Si la tabla periódica agrupa los elementos según sus propiedades (al situar, por ejemplo, todos los gases nobles en una misma columna), la posición de las estrellas en el diagrama de H-R indica su estado evolutivo. Sin embargo, cuando nació el diagrama se desconocían por completo los procesos de formación, crecimiento y muerte de una estrella. Nadie podía asegurar si algún día el Sol explotaría o no, y se ignoraba que la gran mayoría de los elementos químicos que componen la Tierra y nuestros cuerpos habían sido sintetizados en las estrellas.

El diagrama de H-R no solo ayudó a resolver tales cuestiones, sino que aún hoy sirve de guía para abordar numerosas preguntas. ¿Qué masa puede llegar a alcanzar una estrella? ¿Cómo fueron las primeras estrellas que se formaron tras la gran explosión? ¿Cuándo veremos la próxima supernova en la Vía Láctea?

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