El origen de la cinta adhesiva

En 1930, un nuevo y mejorado papel fino llamado celofán, un polímero transparente de celulosa, cautivaba a las compañías empaquetadoras de alimentos.

JAUNTY JUNTO, GETTY IMAGES

En 1930, un nuevo y mejorado papel fino llamado celofán, un polímero transparente de celulosa, cautivaba a las compañías empaquetadoras de alimentos. Los envoltorios de celofán mantenían frescos los alimentos y, sin embargo, permitían que el comprador viera el contenido. Pero la hermeticidad de los empaques de celofán fue un problema hasta que la 3M Company inventó y patentó la cinta Scotch, un nombre que los estadounidenses emplean para todas las cintas adhesivas de celofán. En Europa se introdujo siete años después el Sellotape, un producto análogo, con el mismo uso genérico del nombre. En España se comercializa hace años la cinta Cel·lo, y celo tiene ya entrada en el diccionario.
Los ingenieros califican de adhesivo sensible a la presión a la cola que se emplea en la cinta Scotch. No se pega formando enlaces químicos con el material sobre el que se coloca, dice Alphonsus Pocius, del Laboratorio de Investigación de Materiales de la Compañía 3M en Saint Paul (Minnesota). En vez de ello, la presión aplicada fuerza a la cola a penetrar en las más minúsculas irregularidades de la superficie del material. Una vez allí, se resiste a retroceder, con lo que la cinta se mantiene adherida a su posición inicial. La cola debe ser medio líquida y medio sólida; lo bastante fluida para desparramarse bajo presión y lo bastante viscosa para resistirse al flujo.
Pero la elaboración del tipo adecuado de cola no es la única parte del invento. Una cinta adhesiva típica contiene no solo dos materiales (la cola y el sustrato, que puede ser celofán o algún otro plástico), sino cuatro. Una capa de imprimación facilita la adherencia de la cola al plástico, mientras que en la otra cara un «agente liberador» garantiza que la cola no se pegue a la otra cara de la cinta; si no, sería imposible desenrollarla.
La cinta adhesiva ha captado también la atención de los físicos. Unos investigadores observaron que al desenrollar una cinta en una cámara de vacío se liberaban rayos X, los cuales emplearon para formar imágenes de los huesos de sus dedos como demostración. Este hallazgo podría dar lugar a máquinas radiográficas baratas y portátiles (e incluso a máquinas potentes). El desenrollado crea cargas electrostáticas, y los electrones que saltan desde la cinta al rollo producen esos rayos X. En presencia de aire, los electrones son mucho más lentos y no producen rayos X. Pruebe usted a desenrollar una cinta adhesiva en una habitación completamente a oscuras y percibirá un tenue fulgor.

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