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1 de Octubre de 2012
Astrofísica

La benevolencia de los agujeros negros

El agujero negro supermasivo del centro de la Vía Láctea podría explicar la existencia y habitabilidad de la Tierra.

RON MILLER

En síntesis

Los agujeros negros supermasivos, como el de cuatro millones de masas solares que ocupa el centro de nuestra galaxia, no solo son grandes consumidores. Mientras devoran la materia cercana, emiten también copiosas cantidades de energía.

Un agujero negro puede ejercer una influencia sorprendente sobre la galaxia que lo alberga. Una actividad muy escasa o demasiado intensa podría disminuir drásticamente el número de estrellas con las condiciones adecuadas para la vida.

La Vía Láctea posee unas características privilegiadas, con un agujero negro que parece activarse con la frecuencia adecuada para agitar lo justo el entorno y propiciar el nacimiento de sistemas planetarios semejantes al nuestro.

Nuestro paso por este lugar, por este rincón microscópico del cosmos en el que vivimos, será breve. Con un desprecio absoluto por nuestros anhelos y necesidades, la naturaleza actúa a escalas de espacio y de tiempo que escapan a nuestra comprensión. Quizá solo podamos buscar consuelo en nuestra infinita capacidad para formular preguntas y buscar respuestas sobre el lugar en que nos encontramos. Una de esas cuestiones versa sobre las profundas conexiones entre nuestras circunstancias particulares y el majestuoso sistema universal que forman las estrellas, las galaxias y los agujeros negros.

Son muchos los fenómenos cósmicos que pueden influir sobre la vida, pero unos revisten más importancia que otros. Los agujeros negros pertenecen a esa lista debido a su singular naturaleza. Ningún otro objeto del universo se muestra tan eficiente a la hora de convertir materia en energía. Ningún otro actúa como un gigantesco cañón de riel giratorio, capaz de lanzar materia a casi la velocidad de la luz a decenas de miles de años luz. Además, los agujeros negros engullen materia como nada más lo hace. Y, al igual que los comedores de feria, suelen ingerir su alimento a enormes bocados, en lugar de picar con regularidad.

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