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Cartas de los lectores: La complejidad de las pseudoterapias

En «Comprender el pluralismo médico» [Investigación y Ciencia, julio de 2019], Enrique Perdiguero explica y defiende la integración de la medicina científico-experimental con la medicina tradicional y la medicina alternativa o complementaria. Sin embargo, creo muy importante destacar que en ningún caso se pueden vender tratamientos tradicionales o alternativos como panaceas, como muchas veces ocurre, y mucho menos cuando estos se basan únicamente en creencias o tradiciones y no en hechos empíricos.

Las pseudociencias se apoyan muchas veces en estas medicinas y se aprovechan de la desesperación de los pacientes o de sus familiares para atracarlos, vendiéndoles placebos como curas milagrosas y enmascaradas como medicina tradicional, alternativa o complementaria. Está bien que si crees que oler un limón cura el cáncer lo hagas (igual hasta te ayuda a sentirte mejor), pero hay que vigilar muy de cerca que no se empiecen a vender limones en las farmacias a cientos de euros.

Pablo Rodríguez
Gijón, Asturias

RESPONDE PERDIGUERO: Lamento no haber sido lo suficientemente claro en mi escrito. En ningún caso pretendo defender la integración de la medicina científico-experimental con las medicinas tradicionales o alternativas. El texto pretende fijar la posición de la OMS al respecto, teniendo en cuenta que este organismo tiene una perspectiva global sobre la cobertura asistencial. También pretende aportar herramientas conceptuales, provenientes de las ciencias sociales, para comprender por qué en los países ricos algunas personas acuden a las medicinas alternativas y complementarias (MAC).

Las autoridades científicas y sanitarias deben proteger a los ciudadanos ante cualquier producto o procedimiento que pueda resultar dañino para la salud o que prometa propiedades terapéuticas no probadas. Pero, para tratar de evitar comportamientos que puedan resultar nocivos, hemos de utilizar todos los recursos de las ciencias: no solo de las biomédicas, sino también de las sociomédicas. Los conceptos de pluralismo asistencial e itinerario terapéutico ayudan a situarse en la perspectiva poblacional y a entender las razones que guían su comportamiento cuando se percibe un problema de salud o se quiere mejorarla.

El manido recurso a la ignorancia y a la falta de educación de la población, usado reiteradamente, no basta para explicar el fenómeno; es necesario afinar el análisis con una mayor riqueza conceptual. En España, las rigurosas Encuestas Nacionales de Salud arrojan cifras bajas de uso de las MAC en comparación con otros países europeos igual o más desarrollados. Sin embargo, quienes más las usan son mujeres universitarias de mediana edad y con un nivel socioeconómico alto o medio-alto. Es preciso, por tanto, tratar de comprender por qué las MAC resultan atractivas para algunos segmentos de población bien informados y que gozan de buena salud.

Además, hay que situarse en la realidad europea. Los estudios financiados por la UE, como el proyecto CAMbrella, indican que las variaciones a la hora de reglamentar sobre las MAC son muy relevantes. Se trata, pues, de un problema complejo que va mucho más allá de nuestras fronteras. Hay que usar la ciencia, todas las ciencias, para estudiar el fenómeno del pluralismo asistencial. Solo así se logrará evitar que la población sufra daños o albergue falsas esperanzas.

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