Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Agosto de 2019
Historia de la ciencia

La ciencia de Benjamin Franklin

Polifacético, observador e imaginativo, cosechó numerosos inventos y hallazgos en campos diversos.

Benjamin Franklin en Londres, 1767. [WIKIMEDIA COMMONS/DOMINIO PÚBLICO]

En la historia de la ciencia abundan personajes singulares, pero seguramente ninguno mostró tantas habilidades en tantos ámbitos diferentes como Benjamín Franklin (1706-1790). Impresor, editor, escritor, político, diplomático, inventor y científico figuran entre las actividades por las que le recuerda la historia.

Seguramente para la mayoría su nombre está asociado a que fue uno de los cinco hombres a los que el Segundo Congreso Continental de lo que entonces eran colonias británicas encargó que redactasen la que sería la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. El borrador inicial lo escribió Thomas Jefferson; los otros cuatro responsables (John Adams, Roger Sherman y Robert Livingston, además de Franklin) se limitaron a proponer algunas enmiendas. La más célebre provino de Franklin: el texto de Jefferson, «sostenemos que estas verdades son sagradas e innegables», Franklin lo cambió por una frase memorable, que se ha inscrito en los anales de la historia: «Sostenemos como evidentes estas verdades». Las verdades en cuestión eran «que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, y que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».

De hecho, se ha argumentado que la idea de verdades «evidentes» se basaba menos en John Locke, uno de los filósofos favoritos de Jefferson, que en el determinismo científico de la física de Isaac Newton (también en el empirismo analítico de David Hume, amigo de Franklin). Se da la circunstancia de que Franklin estuvo a punto de conocer personalmente a Newton. En su famosa autobiografía, y refiriéndose al período que pasó en Inglaterra (fue su primer viaje a Gran Bretaña: llegó a Londres en los últimos días de 1724 y permaneció allí hasta bien entrado 1726), recordó que el doctor Henry Pemberton le «prometió hacer lo posible por presentarme a sir Isaac Newton, cosa que yo deseaba ardientemente y que por desgracia nunca ocurrió».

La recomendación era buena, puesto que Pemberton estaba preparando entonces, con la ayuda del propio Newton (que falleció en 1727), la tercera edición (1726) del gran tratado que este había publicado en 1687, Philosophiae naturalis principia mathematica. Pemberton es recordado también por sus esfuerzos en la complicada tarea de hacer más accesible el contenido de los Principia, algo que consiguió con la publicación de su libro, View of Sir Isaac Newton’s philosophy (1728), una de las tres mejores introducciones populares a la ciencia newtoniana que se publicaron en el siglo XVIII (las otras dos fueron Account of Sir Isaac Newton’s philosophical discoveries, de Colin Maclaurin, y Élements de la philosophie de Newton, de Voltaire). Cuando el libro de Pemberton se publicó, Franklin ya había regresado a Norteamérica, pero en 1732 su amigo Peter Collinson, que era miembro (fellow) de la Real Sociedad londinense, se lo envió como regalo. Contribuyó así a la formación científica de Franklin, cuya escasa educación matemática le imposibilitaba estudiar el libro de Newton. Las aportaciones de Franklin a la ciencia se basaron siempre en la observación, experimentación y su muy poderosa imaginación.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Revistas relacionadas

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.