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1 de Agosto de 2019
ciencia ficción

Los límites de lo real a través de la fantasía

De las meteduras de pata de Star Wars a los aciertos de Avatar.

LA CIENCIA DE LA CIENCIA FICCIÓN
CUANDO HAWKING JUGABA AL PÓKER EN EL ENTERPRISE
Manuel Moreno Lupiáñez y Jordi José Pont 
Shackleton Books, 2019

«El texto que tienen en sus manos pretende proporcionar elementos para la reflexión acerca del contenido técnico y científico de filmes y novelas encuadrados en ese género de límites difusos, y a menudo controvertidos, denominado ciencia ficción.» Con estas palabras introductorias, Manuel Moreno Lupiáñez y Jordi José Pont nos invitan a sumergirnos en esta deliciosa obra de 162 páginas.

El libro comienza explicándonos por qué la saga de Star Wars suspende estrepitosamente en credibilidad científica. Seguro que al lector le resultarán familiares algunos errores comunes y bien conocidos de las películas de ciencia ficción, como las inverosímiles duraciones de los viajes espaciales o los rayos de luz y sonidos de explosiones en las batallas espaciales. Pero seguro que otros deslices le resultarán menos conocidos y evidentes.

¿Son tan densos los cinturones de asteroides como se nos muestran en El imperio contraataca (1980) o El despertar de la Fuerza (2015)? ¿Se había percatado de que el planeta Tatooine tiene dos soles y, sin embargo, los objetos y personajes en pleno desierto arrojan solo una sombra? Cuestiones que los autores emplean, claro está, para hablarnos sobre cinturones de asteroides y planetas reales que orbitan alrededor de estrellas binarias. Porque esa es la idea: discutir sobre los límites de lo real a través de la fantasía (y también al revés). En todo caso, no me negarán que contrastar la Fuerza con las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza que conocemos es, además de simpático y original, un excelente ejercicio crítico. ¿Cómo argumentaría, querido lector, contra la afirmación de que es posible doblar cucharillas con la mente?

Tras el rapapolvo —aunque cariñoso— a Star Wars, los lectores descubrirán Pellucidar, túneles que atraviesan de cabo a rabo la Tierra o qué es la terraformación, y estimarán la aceleración que sufrirían los personajes de De la Tierra a la Luna (1865) en el lanzamiento que propone Verne. Pero ya desde el comienzo del segundo capítulo, dedicado a la gravedad, los autores despliegan otro de los encantos del libro: su sentido del humor. Comentando el filme Planeta sangriento (1966) dicen: «Quizá podríamos preguntarle al guionista el motivo de enviar dos astronautas a bordo de una nave de rescate... ¡biplaza!». Rescate que ocurre en el satélite marciano Fobos, donde, con una velocidad de escape de unos 11 metros por segundo, el lanzamiento de una moneda, que los protagonistas ejecutan para determinar quién no sube al biplaza, tardaría 49 minutos en subir y bajar.

A lo largo de toda la obra, los autores nos recomiendan una considerable cantidad de películas y novelas que han conseguido combinar espectáculo y buena ciencia, como el largometraje 2001: Una odisea en el espacio (1968) o el libro Misión de gravedad (1954), por poner solo dos ejemplos. De igual modo, todo el libro se encuentra salpicado de cuadros donde los autores nos explican de manera sencilla los conceptos científicos fundamentales que se están analizando en el texto principal. Detalle que, junto al pequeño glosario del final, permite al lector con pocos conocimientos técnico-científicos seguir sin problemas los argumentos.

La parte dedicada a alienígenas y naves espaciales comienza con el film clásico Ultimátum a la Tierra (1951) para hablarnos de la barrera del sonido y estimar cuántas bombas atómicas como las de Hiroshima serían necesarias para destruir nuestro planeta. También desfilan la verosimilitud de los ojazos negros en forma de almendra de los extraterrestres, una elogiosa crítica a la ecología de Avatar (2009), un análisis de la posibilidad del teletransporte como nos aparece en Star Trek, o los agujeros de gusano en Interstellar (2014) [véase «El agujero negro convertido en estrella de cine», por Roberto Emparan; Investigación y Ciencia, septiembre de 2015].

El capítulo dedicado a gigantes como Godzilla, King Kong o el asombroso hombre colosal y la mujer de 15 metros de las películas homónimas resulta ser el más redondo. Nos explica las enormes implicaciones de una ley de escala tan sencilla como la ley cuadrático-cúbica ya enunciada por Galileo. ¿Cómo depende del tamaño de un organismo su velocidad para subir cuestas, su capacidad para volar o para comunicarse a una determinada frecuencia? Por supuesto, en el otro extremo no podían faltar La mosca (1958) ni Viaje alucinante (1966), que, unidos a los comentarios científicos de los autores, suponen una joya didáctica fruto de la dilatada, original y valiente experiencia de Moreno Lupiáñez y Pont como profesores del Departamento de Física de la Universidad Politécnica de Cataluña.

La obra concluye con un recorrido por el siempre atractivo mundo de los superhéroes. Abunda en la cuestión de las escalas con Ant-Man (2015), vuelve a hacernos reír con el viaje del pequeño Superman desde Krypton a la Tierra, nos reporta un artículo de investigación titulado «Trajectory of a falling Batman», nos habla de las fuerzas de Van der Waals y de Spiderman, el material del escudo del Capitán América o los problemas de Flash con el rozamiento.

Hay que felicitar a la editorial Shackleton Books por evitar la pérdida de estas adaptaciones de artículos publicados por los autores en Ciberp@ís y Tercer Milenio, así como sus intervenciones radiofónicas en el programa Extraradi, de ComRadio. Y por supuesto, también a los propios autores por el esfuerzo de ordenar, poner al día y dar continuidad en forma de libro a este maravilloso material para un público general. Si los lectores no tienen suficiente —y apuesto a que no—, podrán leer también otras dos joyas de estos autores: Física i ciència-ficció (1994) y De King Kong a Einstein: La física en la ciencia ficción (1999), dos libros que aparecen referenciados en la breve pero exquisita bibliografía que cierra el libro.

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