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1 de Agosto de 2019
Neurociencia

Los otros efectos de la cirugía bariátrica

Nuevos estudios revelan que la intervención quirúrgica modifica la microbiota intestinal y las conexiones enterocerebrales. Ello abre nuevos caminos para el tratamiento de la obesidad.

El uso de bandas gástricas y otras técnicas de cirugía bariátrica podrían quedar obsoletas en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad. Las nuevas estrategias terapéuticas se centrarían en el eje enterocerebral. [GETTY IMAGES/CAPIFRUTTA/ISTOCK]

En síntesis

Hace tiempo que se atribuye la eficacia adelgazante de la cirugía bariátrica a la reducción del estómago, pero nuevos estudios indican que también influyen otros mecanismos.

Las áreas cerebrales que participan en la comunicación con el intestino se vuelven hiperactivas en el paciente operado.

La microbiota digestiva queda modificada de tal modo que podría reconfigurarse la transmisión de señales a lo largo del eje enterocerebral, propiciando nuevos hábitos alimentarios más saludables.

El primer plato de huevos revueltos fue una experiencia extraordinaria para Teresa. Coordinadora de enfermería del Centro Médico de la Universidad Stanford, con 41 años entonces, en los días posteriores a la operación había perdido por completo el apetito. Únicamente tomaba líquidos, y solo por orden del cirujano. Pero cuando recuperó el interés por la comida, su relación con los alimentos había cambiado de modo radical.

La primera comida sólida de Teresa después de cuatro semanas fue toda una revelación: unos sencillos, tiernos y cremosos huevos. Para su sorpresa, quedó enteramente satisfecha, desaparecido el deseo de golosinas y platos muy sazonados. Ya no le apetecían las patatas fritas ni los postres suculentos que tanto le habían gustado. Había recuperado el apetito, pero por primera vez en su vida le resultaba fácil comer «bien».

En 2012 se le practicó una gastrectomía tubular, una de las técnicas quirúrgicas bariátricas que modifican el estómago y el intestino para favorecer el adelgazamiento. Pero más que la pérdida de peso, sin duda notoria, el resultado más inesperado fue la transformación completa de su apetito.

A vueltas con el sobrepeso desde la infancia, los años de tratamiento hormonal para quedarse embarazada no ayudaron; tampoco el embarazo. «Sin apenas darme cuenta, pesaba más de 120 kilos», recuerda. «Y era incapaz de adelgazar pese a probarlo todo: dietas de todo tipo, mucho ejercicio.» El exceso de peso le dificultaba atender al niño. «No podía mantener el ritmo de mi hijo», asegura.

La gastrectomía tubular reduce el estómago desde el tamaño de un balón de rugby hasta el de un plátano, en torno a un 15 por ciento de sus dimensiones originales. Al cabo de un año, tras meses de ingesta moderada y más saludable, Teresa pesaba 68 kilogramos. «Ese peso era hasta bajo para mí», refiere, «y es que la operación dio un vuelco a mi forma de comer».

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