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1 de Agosto de 2019
Psicología del desarrollo

Risa amistosa

Los bebés de cinco meses distinguen las carcajadas compartidas por amigos y por extraños.

AARTI KALYANI/GETTY IMAGES

La mayoría de la gente puede echar unas risas con un desconocido. Pero existen diferencias tan sutiles como perceptibles en las carcajadas que mantenemos con un allegado.

Greg Bryant, experto en cognición de la Universidad de California en Los Angeles, y sus colaboradores habían descubierto que los adultos de 24 sociedades de distintos lugares del mundo diferencian las risas compartidas entre amigos de las entabladas con extraños. El hallazgo plantea la posibilidad de que tal facultad sea un recurso universal para nuestras relaciones sociales. Así que se preguntaron: ¿distinguen los bebés esa risa?

Bryant y su colaboradora Athena Vouloumanos, psicóloga del desarrollo en la Universidad de Nueva York, reprodujeron grabaciones de carcajadas entre pares de amigos o desconocidos ante 24 bebés de cinco meses de la ciudad de Nueva York. Los oyentes prestaron atención durante más tiempo a las risas compartidas entre colegas, lo cual indica que podrían diferenciarlas, según un estudio publicado en marzo en Scientific Reports.

A continuación, los investigadores les mostraron unos vídeos cortos de dos personas actuando como amigos o extraños junto con las grabaciones de audio. Los bebés fijaron su mirada durante más tiempo en las imágenes que no concordaban con el audio, como cuando veían un encuentro de amigos pero escuchaban la risa entre desconocidos.

«Las risas compartidas transmiten algo que da información al bebé de tan corta edad sobre los lazos sociales que mantienen los individuos», asegura Bryant. Está por ver qué componentes exactos de la risa reconocen, pero trabajos precedentes de su equipo ofrecen alguna pista. Las risas entre amigos suelen incluir fluctuaciones más acusadas del tono y de la intensidad, por ejemplo.

Tales características también diferencian las risas espontáneas de las fingidas. Muchos creen que la risa genuina probablemente evolucionó a partir de vocalizaciones lúdicas, que también emiten primates no humanos y roedores, entre otros mamíferos. La risa forzada probablemente surgió después en los humanos, junto con la facultad de articular una amplia gama de sonidos del habla. Los investigadores plantean que esa sensibilidad humana a la risa espontánea sería fruto de su larga historia evolutiva.

«Es fenomenal ver cómo los bebés tan pequeños son capaces de reconocer risas distintas», confiesa Adrienne Wood, psicóloga de la Universidad de Virginia, que no ha participado en el estudio. «Para ellos, casi todo lo que sucede a lo largo del día constituye una interacción social, por lo que tiene sentido que se compenetren de ese modo con su entorno social.»

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