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1 de Agosto de 2019
Hidrología

Ríos apresados

Las infraestructuras humanas constriñen buena parte de los ríos más largos del mundo.

Río Amazonas. [GETTY IMAGES/FG-TRADE/ISTOCK]

Los ríos son arterias terrestres que transportan nutrientes, sedimentos y agua dulce al tiempo que mantienen sanos los ecosistemas. Su influencia se extiende en varias dimensiones: no solo a lo largo de su curso, sino también verticalmente (a los acuíferos subterráneos) y, cada cierto tiempo, lateralmente (a los terrenos inundables cercanos).

También nos brindan servicios vitales al regar las tierras de cultivo, sustentar pesquerías y actuar como corredores de transporte. Sin embargo, nuestros esfuerzos por facilitar el paso de barcos, proteger a las comunidades de las inundaciones y extraer agua para consumo y regadío han restringido y dividido cada vez más las vías fluviales. «Tratamos de dominar los ríos al máximo», explica Günther Grill, hidrólogo de la Universidad McGill.

En una nueva investigación publicada en mayo en Nature, Grill y sus colaboradores analizaron los obstáculos existentes en 12 millones de kilómetros de ríos de todo el mundo. Su equipo desarrolló un índice que evaluaba seis aspectos relacionados con la conectividad: desde la fragmentación física (debida a presas, por ejemplo) hasta la regulación del caudal (mediante presas o diques) y el consumo de agua. Consideraron que los ríos cuyos índices alcanzaban un cierto valor umbral fluían libremente.

El trabajo ha revelado que solo el 37 por ciento de los ríos de más de mil kilómetros de longitud (por lo general, los más importantes para la actividad humana) fluyen sin impedimentos a lo largo de todo su curso (gráfico). La mayoría de estos grandes ríos libres de obstáculos se encuentran en áreas donde la presencia humana es mínima, como las cuencas del Amazonas, el Congo o el Ártico. En cuanto a los ríos de menos de cien kilómetros, la mayoría parece fluir libremente, si bien existen menos datos sobre ellos y es posible que se hayan pasado por alto algunas barreras. Si de los ríos más largos nos fijamos en aquellos que desembocan en el mar, solo el 23 por ciento fluye sin interrupciones. En el resto, las construcciones humanas están privando a estuarios y deltas de nutrientes esenciales. Las presas, al controlar el caudal de los ríos y retener los sedimentos, son las principales culpables. En el mundo existen unos 2,8 millones de ellas.

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El nuevo trabajo podría ayudar a entender mejor la manera en que las futuras presas, diques y otros proyectos similares acabarán afectando a la conectividad de los ríos, así como a determinar en qué lugares la eliminación de estas infraestructuras permitiría recuperar el flujo natural del agua. Y tal vez sirva para replantear la manera de encarar el problema a medida que cambia el clima, apunta Anne Jefferson, hidróloga de la Universidad Estatal de Kent que no participó en el trabajo. Las infraestructuras existentes, explica, «básicamente se construyeron para un clima que ya no es el actual y del que cada vez estamos más lejos».

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