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1 de Agosto de 2019
Tecnología sanitaria

Un respirador que podría salvar vidas

Desarrollan un aparato que permite automatizar el ambú.

Ambú automatizado. [JEFF FITLOW, UNIVERSIDAD RICE]

Cuando alguien tiene graves dificultades para respirar, el personal sanitario suele colocarle una máscara provista de un balón que debe comprimirse con las manos para insuflar aire en los pulmones hasta que se le pueda conectar a un ventilador mecánico.

En los países desarrollados, el balón de reanimación, o ambú, suele ser una solución provisional, aplicada poco tiempo. Pero en los lugares donde escasea el personal y carecen de ventiladores mecánicos, «la vida del enfermo queda literalmente en las manos de los familiares», que deben accionar el ambú durante períodos muy dilatados, explica Rohith Malya, director de Urgencias del Hospital Cristiano del Río Kwai, en Tailandia. El centro presta asistencia a numerosos refugiados de la crisis de los rohinyás en Birmania, situada al otro lado de la frontera cercana. Este médico ve fallecer a enfermos aquejados de neumonía y otras dolencias curables porque los familiares están demasiado agotados como para seguir comprimiendo el balón. Por eso, ahora colabora con un equipo de diseño integrado por estudiantes de grado de la Universidad Rice para crear un aparato que lo haga automáticamente.

El equipo espera que el ingenio, con un coste de 117 dólares, pueda ser de gran utilidad en catástrofes y durante el traslado urgente del enfermo hasta que pueda acceder a un ventilador, o incluso como sustituto de este. El AutoBVM (siglas en inglés de ambú automático), como se lo denomina, se conecta a una toma de pared convencional y consta de dos «compresores» triangulares de plástico montados sobre una carcasa y accionados por un motor. La fabricación de una versión con batería es prioritaria, aclara Carolina de Santiago, bioingeniera del equipo de Rice.

Un prototipo, con la configuración habitual para un paciente adulto, funcionó hasta once horas en las pruebas de laboratorio antes de sobrecalentarse, explica De Santiago. Hasta ahora, el AutoBVM no se ha probado en enfermos. Malya planea trabajar con un equipo de graduados para crear otra versión equipada con otro motor que mejore el tiempo de funcionamiento. También espera mejorar la estanqueidad y el sistema de filtración del aparato a fin de adecuarlo a las situaciones de desastre y a los entornos polvorientos y tórridos. Pretende ponerlo a prueba en pacientes del Hospital Cristiano del Río Kwai el año próximo.

Son muchas las personas que no tienen acceso a los ventiladores mecánicos en el mundo, pues llegan a tener un coste prohibitivo de 100.000 dólares, afirma Abdullah ­Saleh, director del Departamento de Cirugía Global de la Universidad de Alberta, ajeno al estudio. El ambú está «disponible hasta en las zonas remotas y con escasos recursos», destaca. «Automatizar el insuflador resolvería un problema realmente serio.»

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