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1 de Enero de 2017
Arqueología

¿De quién son estas herramientas?

Algunos monos son capaces de obtener lascas de piedra sorprendentemente similares a los útiles líticos de nuestros antepasados humanos.

THOMAS PITILLI

Un mono toma una piedra del tamaño de una patata con sus diminutas manos, la levanta por encima de su cabeza y la baja con todas sus fuerzas para machacarla contra otra clavada en el suelo. Mientras el entusiasmado animal sigue y sigue, del canto que empuña salen varias esquirlas volando. Son lo bastante afiladas para cortar carne o plantas, pero el simio no les presta mucha atención, salvo para poner una de ellas sobre la piedra clavada en el suelo e intentar machacarla también. Sin quererlo, ha producido lascas que cualquiera confundiría con las herramientas de un yacimiento humano.

El mono es un capuchino salvaje del Parque Nacional de Serra da Capivara, en el noreste de Brasil. Hace tiempo que se sabe que estos simios usan piedras para todo tipo de actividades, desde cascar frutos secos y escarbar en busca de raíces hasta atraer la atención de posibles parejas. Otros primates no humanos, como los chimpancés de África occidental, también emplean piedras a modo de herramienta, si bien los capuchinos de Capivara son los únicos a los que se les ha visto percutir unas contra otras para romperlas, una actividad que hasta ahora se consideraba exclusiva de nuestro linaje. Nuestros antepasados lo hacían para fabricar útiles afilados que les permitiesen cortar. A los capuchinos, en cambio, nadie les ha visto usar las lascas que obtienen; como mucho, lamen la piedra clavada en el suelo, tal vez para buscar polvo mineral.

Un trabajo reciente sobre las esquirlas que producen estos animales ha encontrado que esas pequeñas creaciones de piedra satisfacen todos los criterios diagnósticos que se suelen emplear para distinguir las herramientas humanas de las piedras rotas por causas naturales. El hallazgo, publicado en otoño de 2016 en Nature, podría avivar el debate sobre la verdadera naturaleza de algunos yacimientos controvertidos. También suscita dudas sobre qué nos diferencia de otros primates y sobre cómo empezaron nuestros ancestros a fabricar herramientas líticas.

Tomos Proffitt, de la Universidad de Oxford, y sus colaboradores observaron que los capuchinos elegían ciertas piedras para usarlas como martillo y golpearlas contra otras. Después, recogieron los fragmentos que hallaron al efectuar excavaciones en la zona —tal y como habrían hecho si se tratase de un yacimiento humano— y, tras juntar 111 de estos objetos, analizaron su forma, tamaño y el tipo de marcas que habían dejado los golpes.

Para su sorpresa, hallaron que las piezas obtenidas por los capuchinos presentaban una forma típica de cuchara, o «concoidea», así como unos bordes cortantes muy afilados; también vieron que los simios extraían a menudo múltiples esquirlas de una sola piedra: todos ellos constituyen rasgos típicos de las herramientas de factura humana. (Los autores explican que los fragmentos producidos por los chimpancés cuando rompen cáscaras de nuez no cumplen la mayoría de los criterios diagnósticos, como tampoco lo hacen las esquirlas creadas por bonobos en cautividad a quienes se les ha enseñado a hacer lascas.)

En el pasado, los expertos han asociado tales características a la aparición de unas manos y una coordinación similares a las humanas, así como a ciertos cambios cognitivos [véase «¿Cómo nos cambió la fabricación de herramientas?», por Dietrich Stout; Investigación y Ciencia, junio de 2016]. Sin embargo, el hecho de que los monos fabriquen piezas con las mismas propiedades exige una explicación evolutiva diferente. Y, dado que pueden hacerlo los monos modernos, cabe preguntarse si, en el pasado, otros simios hoy extintos pudieron haber dejado sus propios yacimientos. Proffitt y sus colaboradores sostienen que, a partir de ahora, los expertos tendrán que refinar sus criterios de evaluación a la hora de identificar los utensilios de piedra fabricados intencionadamente por nuestros ancestros humanos.

«Muchos se van a sentir incómodos con el hecho de que también los capuchinos sean capaces de crear estas herramientas», opina Sonia Harmand, arqueóloga de Stony Brook que no participó en la investigación. Según ella, las piezas obtenidas por los monos no parecerían fuera de lugar en los yacimientos de África oriental donde se han encontrado restos de una de las primeras industrias líticas humanas: la olduvayense, cuyos ejemplares más antiguos, hallados en el yacimiento de Gona, en Etiopía, se remontan a hace 2,6 millones de años. Las lascas de los capuchinos solo se asemejan a los útiles olduvayenses más simples; otros, explica Harmand, exhiben bastante más depuración y planificación. Las creaciones de estos monos también se diferencian de las herramientas de piedra más antiguas que se conocen: los útiles de 3,3 millones de años que Harmand y su equipo extrajeron del yacimiento de Lomekwi, en Kenia. Estas son mucho mayores y se encuentran hechas de basalto y fonolita, rocas más densas que el cuarzo y las cuarcitas que usan los capuchinos.

Algunos expertos se preguntan si las esquirlas de estos animales no acabarán arrojando dudas sobre si verdaderamente fueron nuestros antepasados quienes fabricaron los útiles líticos más antiguos que se conocen. Aunque se han atribuido al linaje humano, los yacimientos correspondientes carecen de fósiles que permitan establecer esa conexión. «No tenemos ni idea», opina Wil Roebroeks, arqueólogo de la Universidad de Leiden, sobre la autoría del material hallado en Lomekwi y Gona.

Hélène Roche, de la Universidad de París Oeste Nanterre La Défense, discrepa de ese juicio: en un comentario que acompaña al artículo de Nature, la experta afirma que los resultados no deberían suscitar dudas sobre quién fabricó las herramientas líticas más antiguas de África. Argumenta que se han estudiado cientos de esos yacimientos y que en muchos de ellos se han encontrado indicios contextuales: huesos con marcas de corte que indican la manera en que se usaban las herramientas, así como fósiles que revelan que fueron fabricados por antepasados humanos.

Harmand añade que, por más que el estudio sobre los capuchinos haya demostrado que algunas especies no humanas pueden producir accidentalmente fragmentos de piedra similares a las herramientas cortantes de nuestros ancestros, eso no significa que estas últimas no sean especiales. Aun cuando nuestros antepasados también hubiesen comenzado a producirlas de manera involuntaria, antes o después algo les hizo percatarse de que podían darles un uso y fabricar otros útiles adaptados a sus propósitos. Además, la técnica humana evolucionó desde las herramientas simples halladas en Lomekwi y en los yacimientos olduvayenses hasta las bifaces de bordes cuidadosamente tallados de un millón de años después, para, por último, convertirse en nuestra compleja maquinaria actual. ¿Por qué no ocurrió lo mismo con los chimpancés o los capuchinos?, se pregunta Harmand. ¿Por qué solo los seres humanos hemos llegado tan lejos?

Ahora Proffitt espera averiguar cuánto tiempo llevan los capuchinos usando rocas de esa forma. Otros indicios apuntan a que estos simios han estado empleando guijarros para romper cáscaras de frutos secos desde hace al menos 600 años. Por su parte, las piedras utilizadas por los chimpancés de Costa de Marfil se remontan a hace 4300 años. Harmand observa que, más allá de eso, no existen pruebas sobre qué hacían los monos o los grandes simios en el pasado... algo que sin duda deja un amplio margen para sorpresas en el futuro.

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