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1 de Enero de 2017
Reseña

Las plantas, esas desconocidas

Una nueva manera de pensar en el mundo vegetal.

ELOGIO DE LA PLANTA
POR UNA NUEVA BIOLOGÍA
Francis Hallé
Libros del Jata, 2016.

Dado que las personas somos animales, para la mayoría de nosotros las plantas cumplen dos funciones: alimentarnos (a nosotros y a nuestros animales domésticos) y decorar nuestro entorno, tanto los espacios exteriores (parques, jardines, senderos de montaña) como los interiores (domicilios, oficinas). No solemos pararnos a pensar en que son seres vivos con una manera propia de adaptarse al ambiente: una caracterizada por el hecho de que no pueden huir de sus predadores ni de un clima adverso. Nuestra propia condición de animales influye tremendamente en la manera en que percibimos el mundo vegetal, incluso cuando lo estudiamos desde un punto de vista científico.

El profesor Hallé, botánico de la Universidad de Montpellier, nos ofrece en este libro una estupenda y amena comparación entre las plantas y los animales, reivindicando las primeras como seres muy diferentes de los segundos. El autor fue uno de los proponentes de los modelos arquitectónicos de crecimiento de los árboles, por lo que presenta la morfología de las plantas de una manera atractiva y dinámica.

A diferencia de los animales, las plantas crecen constantemente mientras viven, y mueren si de alguna manera se impide ese crecimiento. Ni este y ni su desarrollo están centralizados, como sucede en los animales; en su lugar, la planta se comporta como una colonia o serie repetitiva de módulos siempre iguales. Ese carácter de colonia lleva al autor a cuestionar la idoneidad de aplicar a las plantas el concepto animal de individuo (es decir, «que no puede dividirse»), ya que la mayoría de ellas son capaces de regenerar el organismo entero a partir de un fragmento [véase «Células madre vegetales», por Crisanto Gutiérrez; Investigación y Ciencia, agosto de 2012]. ¿Son estas plantas regeneradas la misma que la original? ¿Son los clones de plantas, que a menudo ocupan grandes extensiones de terreno, un único individuo?

Ese modo de vida sésil, fijado al suelo, es en definitiva el que les ha llevado a desarrollar, a lo largo de los millones de años que llevan sobre la Tierra, unos recursos propios que les permiten alcanzar longevidades de miles de años. Esto tal vez sorprenda a algunos lectores, pues la mayoría estamos familiarizados con plantas anuales o bianuales, que en realidad solo constituyen una minoría en el reino vegetal. Recientemente se ha identificado una cepa de Picea abies datada con carbono 14 en 9500 años: aunque la parte aérea muera, el pie sigue vivo y vuelve a crecer.

Las plantas son «unas virtuosas de la bioquímica», ya que no pueden escapar cuando se acerca un predador. En este sentido, resulta refrescante leer el ameno resumen del increíblemente diverso —y mal llamado— «metabolismo secundario», que en realidad resulta fundamental para su supervivencia anclada al suelo.

Podemos decir que las plantas muestran una cierta «solidaridad» con los animales, ya que hasta cierto punto nos permiten que nos alimentemos de ellas. Con todo, el reino vegetal no apareció en la Tierra para servir de sustento a los animales, por más que esto nos parezca «natural». ¿Cómo se las arreglan las plantas para «dejarse comer en parte» sin morir? Entre sus estrategias de vida, han sabido sacar partido a la movilidad a corto plazo de los animales para dispersarse por el planeta. Los diferentes ejemplos de la relación entre animales y plantas llevan al autor a preguntarse si, en el fondo, no es el animal el que está manipulado por la planta.

La plasticidad y fluidez del genoma vegetal contrasta con la estabilidad del genoma animal. Las células de las distintas partes de una misma planta pueden tener genes muy diferentes, incluso distinto número de cromosomas. Mutaciones somáticas que matarían a un animal a la planta no solo no le afectan, sino que le proporcionan un importante mecanismo de generación de diversidad genética para adaptarse a circunstancias adversas del entorno. Como resultado de esa plasticidad genómica, la filogenia de las plantas es mucho más reticulada que la de los animales, definida como direccional. El autor, experto en ecología de los bosques tropicales, empleó una balsa transportada por un dirigible para poder alcanzar las copas de los árboles y estudiar desde allí la variabilidad génica intraárbol.

Uno de los capítulos del libro está dedicado a la comparación entre plantas y corales, animales coloniales que también viven fijos al suelo. El autor destaca las semejanzas entre los corales constructores de arrecifes y los árboles, y contrasta las diferencias entre aquellos y los animales de vida libre. Ese análisis le permite resumir las características de la vida sésil: una vida marcada por la colonialidad, ya se trate de arrecifes de coral o de bosques, si bien admite que es posible que otros seres vivos que también viven fijos (vorticelas, laminarias, cochinillas, etcétera) no compartan todos esos rasgos.

Algunas de las observaciones que aparecen en la obra resultarán conocidas para los especialistas en las diferentes áreas de la biología vegetal. Es la comparación con la biología de los animales, sobre todo con la de los vertebrados, lo que nos da esa nueva visión de conjunto que constituye la gran aportación de Hallé. No solo para el público no especializado, sino también para numerosos especialistas.

Los excelentes 99 dibujos del autor ilustran con claridad las explicaciones del texto, lo que facilita en todo momento su comprensión. Elogio de la planta está escrito con rigor científico, en un lenguaje asequible para el gran público y con abundante bibliografía para quienes deseen profundizar. Por último, se trata de una edición muy cuidada, con una inmejorable traducción —la primera— al español. Después de leerlo, amable lectora o lector, su próximo paseo por el jardín, el parque, o el campo será mucho más agradable e interesante, y admirará a esos seres vivos excepcionales que hasta ahora solo eran «el fondo del paisaje».

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