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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2018Nº 503

Astronomía

La vida secreta del Sol

La biografía de nuestra estrella es mucho más compleja de lo que se suponía. Nuevas investigaciones iluminan el pasado y el posible futuro del Sol.

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En el principio no había nada más que frío y oscuridad entre los átomos que acabarían convirtiéndose en el sistema solar. Hace 4600 millones de años no existía el Sol, solo una rala nube formada por los restos de estrellas más antiguas, con elementos forjados en cataclismos anteriores. Entonces, sucedió algo.

Quizá la gravedad de algún nómada celeste sacudió la nube. O tal vez el viento de una estrella más distante arrastró sus átomos, como la brisa amontona las hojas. Sea como fuere, estos comenzaron a concentrarse hasta que el material se calentó lo suficiente para que el hidrógeno se fusionara y se convirtiera en helio. Había nacido el Sol, y no mucho después lo haría la Tierra. Menos de mil millones de años más tarde surgieron las primeras formas de vida, al menos en este planeta. Y aquí estamos hoy.

Esta historia es la que ha contado la ciencia durante décadas: el nacimiento del Sol, una época aburrida y luego la aparición de la vida. Sin embargo, los nuevos telescopios espaciales, el floreciente campo de la cosmoquímica y algunas técnicas genealógicas inspiradas en la biología están ayudando a reescribir una biografía mucho más rica. Hoy sabemos que nuestra estrella no siempre fue solitaria. Una vez tuvo hermanas, e incluso podría haber adoptado uno de sus planetas. Y también tuvo, a falta de una palabra menos antropomórfica, una madre: una estrella gigante cuya corta vida enriqueció el material embrionario del sistema solar. Dicho material pudo haber permanecido aislado del resto de la galaxia durante al menos 30 millones de años; una gestación prolongada que no deja traslucir lo rápido que el Sol formó los planetas.

Incluso la futura muerte del Sol está adquiriendo una nueva dimensión. Dentro de unos 5000 millones de años agotará sus reservas de hidrógeno, se enfriará y se hinchará hasta convertirse en una gigante cuyo borde exterior podría tragarse la Tierra. Pero aún se ignora cómo afectarán los estertores del Sol al medio interestelar, a la formación de futuras estrellas y a la galaxia en su conjunto. Es posible que el propio Sol se convierta en «madre» y propicie la formación de nuevas estrellas, y quizá se rodee de nuevos planetas antes de morir.

Aprender más sobre el pasado, el presente y el futuro del Sol no solo está reescribiendo nuestra historia. Solo hay una estrella que podemos conocer de cerca. Lo que averigüemos sobre ella arrojará luz sobre las demás.

El árbol genealógico del Sol

Decenas de millones de años antes de que se encendiera el Sol, sus antepasadas dominaban el vecindario galáctico. Estas fueron las tatara...tataranietas de las primeras estrellas de la galaxia, y en su generación había decenas de miles de ellas. Unos pocos millones de años después de nacer, algunas comenzaron a morir. Sus violentos finales sembraron el entorno con elementos pesados, como el hierro y el aluminio. Los restos de estos astros dieron lugar a generaciones posteriores de estrellas; entre ellas, las antepasadas del Sol.

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