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1 de Agosto de 2018
Sistema solar

Llegada a dos asteroides

Una misión japonesa y otra estadounidense comenzarán muy pronto a buscar pistas sobre el origen de la vida.

La nave espacial OSIRIS-REx, de la NASA, intentará tomar muestras del asteroide Bennu y regresar con ellas a la Tierra para su posterior análisis (recreación artística). [CENTRO GODDARD DE VUELOS ESPACIALES DE LA NASA]

Este verano, dos naves espaciales empezarán a estudiar muy de cerca sendos asteroides. Su objetivo: obtener materiales orgánicos que pudieran remontarse al nacimiento del sistema solar. Esos componentes básicos podrían resultar clave para entender el origen de los planetas y el de la vida en la Tierra, y, al mismo tiempo, podrían ayudar a hacerse ricos a aquellos que en un futuro decidan dedicarse a la minería espacial.

El pasado 27 de junio, la sonda japonesa Hayabusa2 llegó a Ryugu, un asteroide de cerca de un kilómetro de diámetro. Y, si todo sale según lo previsto, el 17 de agosto la nave OSIRIS-REx, de la NASA, arribará a las inmediaciones de Bennu, de unos 500 metros de ancho. Durante los próximos dos años, estas rocas espaciales serán objeto de un intenso estudio, así como de varios intentos para recoger muestras que puedan traerse hasta la Tierra y ser sometidas a análisis [véase «Siete años de misión para reunir 60 gramos de asteroide», por Dante S. Lauretta; Investigación y Ciencia, septiembre de 2016].

«Numerosos grupos de todo el mundo podrán investigar esas muestras durante las próximas décadas», afirma Nancy Chabot, planetóloga de la Universidad Johns Hopkins que no participa en ninguna de las misiones. Los nuevos datos, asegura, «revolucionarán lo que sabemos sobre la composición y la formación de estos cuerpos procedentes de los primeros tiempos del sistema solar».

Hayabusa2 y OSIRIS-REx no serán las primeras naves que tomarán muestras de un asteroide. Ese honor se lo llevó la primera de las sondas Hayabusa, que en 2010 regresó a la Tierra con una pequeñísima porción del asteroide Itokawa tras un choque no planeado contra su superficie. Itokawa pertenecía a los llamados asteroides de tipo S, compuestos en su mayor parte por materiales rocosos. Ryugu y Bennu, sin embargo, constituyen ejemplos de asteroides carbonáceos (ricos en carbono), o de tipo C: las rocas espaciales más comunes del sistema solar.

En conjunto, las muestras obtenidas por ambas misiones permitirán comprobar si estos asteroides poseen una composición similar a la de las condritas carbonáceas, un tipo de meteoritos hallados en la Tierra y que se caracterizan por contener sustancias orgánicas y agua en forma de minerales hidratados. La incógnita persiste porque la propia Tierra podría haberlos contaminado. Sin embargo, si la composición de los asteroides coincide con la de las condritas carbonáceas, ello indicaría que tales sustancias pudieron haber llegado a la Tierra directamente desde el espacio [véase «Meteoritos primitivos», por Alan E. Rubin, Investigación y Ciencia, abril de 2013; y«El origen del agua en la Tierra», por David Jewitt y Edward D. Young, Investigación y Ciencia, mayo de 2015].

Harold Connolly, encargado de muestras de la misión OSIRIS-REx, y Shogo Tachibana, de Hayabusa2, señalan que los meteoritos carbonáceos podrían haber sido la fuente de una parte del agua de la Tierra y de los compuestos necesarios para la vida. Dicha hipótesis podría verse reforzada con las primeras muestras prístinas de asteroides carbonáceos.

Chabot añade que, aunque lanzar dos misiones tan similares pueda parecer redundante, el resultado podría ser muy revelador. «Si las muestras [de ambos asteroides] son idénticas, eso nos estaría diciendo algo muy fundamental sobre lo homogéneos que eran los materiales del sistema solar», prosigue la investigadora. «Con todo, apuesto a que veremos algunas diferencias sorprendentes.»

Ambas misiones exhiben asimismo diferencias operacionales. La japonesa intentará que aterricen en Ryugu hasta tres vehículos robóticos y un módulo MASCOT de construcción europea, con miras a explorar la superficie del asteroide. También prevé disparar un proyectil de cobre de dos kilogramos, a fin de generar un cráter que revele su composición interna.

La primera de las sondas Hayabusa regresó a Tierra con menos de un miligramo de polvo de asteroide tras un histórico y accidentado viaje. Las nuevas misiones aspiran a reunir una cantidad mucho mayor de roca espacial prístina, por lo que a los investigadores les resultará más sencillo compartir y analizar las muestras. Hayabusa2 pretende recoger tres muestras en diferentes localizaciones de Ryugu, hasta llegar a los 100 miligramos en total. OSIRIS-REx, por su parte, intentará obtener una cantidad mucho mayor en un único punto de la superficie de Bennu. Los científicos de ambas misiones piensan intercambiar muestras y cooperar durante todo el proceso. De hecho, Connolly trabaja tanto para la misión estadounidense como para la japonesa.

Por último, ambas naves podrían obtener valiosa información para la futura minería de asteroides, añade Chabot, que también ejerce como asesora científica de Planetary Resources, una compañía estadounidense que aspira a trabajar en el sector. Se trata de una de las empresas que, con el tiempo, esperan extraer minerales de estas rocas espaciales y también agua, la cual podrían convertir en combustible para propulsar futuras misiones hacia los confines del sistema solar.

No está previsto que Hayabusa2 y OSIRIS-REx regresen a la Tierra hasta 2020 y 2023, respectivamente, pero la espera merecerá la pena. Y es que las muestras espaciales pueden gozar de una larga vida científica: hoy, numerosos laboratorios siguen investigando las muestras lunares obtenidas hace décadas por las misiones Apolo, ya que las constantes mejoras de las técnicas de análisis permiten volver a examinar con provecho especímenes antiguos.

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