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  • Investigación y Ciencia
  • Agosto 2018Nº 503
Panorama

Evolución

Los orígenes evolutivos de la venganza

Un experimento con niños y chimpancés revela que los primates compartimos raíces comunes a la hora de castigar a nuestros enemigos y sentirnos bien por ello.

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Imagine que uno de sus seres más queridos fallece en un acto terrorista. Poco tiempo después, el responsable es capturado y condenado a muerte. Usted recibe una carta donde se le pregunta si desea presenciar la ejecución. ¿Asistiría?

Aceptar la invitación no es patológico. Junto con rasgos más conocidos de la naturaleza humana, como la empatía o el altruismo, las personas también tenemos la capacidad de sentir placer ante el dolor ajeno cuando ese dolor se considera merecido. Esta emoción recibe el nombre de Schadenfreude, palabra alemana que, pese a no tener equivalente directo en otros idiomas, no resulta demasiado difícil de comprender. Seguramente todos hayamos padecido alguna injusticia a lo largo de nuestra vida y nos hayamos alegrado al enterarnos de que, después, al responsable le ha ido mal. Se trata de algo parecido al altruismo recíproco, pero en su vertiente negativa: la venganza.

En un trabajo reciente cuyos resultados fueron publicados en Nature Human Behaviour, nuestro equipo de investigación ha explorado hasta qué punto esa emoción ya se encuentra presente en los niños pequeños y en nuestros parientes evolutivos vivos más cercanos, los chimpancés. Nuestros experimentos permiten concluir que la Schadenfreude es común a ambas especies, al tiempo que arrojan luz sobre su origen biológico, sentido evolutivo e impacto en nuestras sociedades.

Regodearse del enemigo

Mina Cikara, psicóloga de Harvard, y su equipo han llevado a cabo varios estudios destinados a entender ese sentimiento de alegría ante el percance de un enemigo. En 2013, su grupo pidió a aficionados de dos equipos de béisbol tradicionalmente enfrentados que observaran vídeos en los que el equipo contrario fallaba un tanto. Cuando eso ocurría, los participantes no solo sentían un placer subjetivo, tal y como referían en los cuestionarios, sino también uno objetivo: las neuroimágenes revelaron que en su cerebro se activaba el cuerpo ventral estriado, una región encargada de controlar la sensación de satisfacción. De hecho, se trataba de la misma respuesta que tenía lugar cuando su equipo marcaba un tanto.

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