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Construir el detector de rayos cósmicos más avanzado del mundo ha costado 16 años y unos 1500 millones de euros. Sin embargo, hasta hace no mucho parecía que acabaría olvidado en un almacén: la NASA, que tenía en mente terminar la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS) y jubilar el transbordador hacia finales de 2010, sostuvo en un principio que no había hueco en el calendario para acomodar el lanzamiento del detector. Fue necesaria una campaña de presión por parte de los físicos y la intervención del Congreso estadounidense para extender el programa del trasbordador.

Ningún otro instrumento cuenta con una combinación de detectores que permita medir todas las propiedades de las partículas: masa, velocidad, tipo y carga eléctrica. Su predecesor es el experimento PAMELA, puesto en órbita en 2006 por un consorcio europeo. PAMELA ha detectado lo que podrían constituir indicios de materia oscura y otros fenómenos exóticos, pero sus descubrimientos adolecen de cierta ambigüedad, ya que el experimento no logra distinguir entre antipartículas de poca masa, como los positrones, y partículas ordinarias de masa elevada pero con la misma carga eléctrica, como el protón.

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Un detector de partículas en el espacio

    • Manuel Aguilar Benítez de Lugo

El experimento AMS estudiará los rayos cósmicos en busca de antimateria cósmica primaria, materia oscura y nueva física.

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