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Granger Collection
En el siglo ix, unos sabios persas inventaron el primer instrumento mecánico conocido: un órgano que, movido por agua, reproducía la música impresa en un cilindro giratorio. Habrían de pasar 1000 años hasta que alguien alumbrase el proceso inverso: transcribir sonidos sobre una superficie.
La primera máquina que registró música del aire fue el fonoautógrafo, creado en 1857 por Édouard-Léon Scott de Martinville. El aparato empleaba un cuerno para concentrar el sonido y dirigirlo hacia un pequeño diafragma, desde el que una aguja registraba las ondas sonoras sobre un cilindro de vidrio giratorio recubierto de hollín. Aunque el dispositivo demostró la posibilidad transcribir señales acústicas, no servía para reproducir los sonidos grabados. (Al menos hasta 2008, cuando investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence, en Berkeley, descifraron el rayado y resucitaron un registro de 1860 en el que una voz femenina cantaba Au clair de la lune.)
El fonoautógrafo de De Martinville quedó como una pintoresca curiosidad histórica, pero su diseño de bocina, diafragma, aguja y cilindro supuso el fundamento de toda grabación durante los 70 años siguientes. En 1874, Alexander Graham Bell experimentaba con un sistema muy parecido al de De Martinville, pero que empleaba la oreja de un cadáver. Después, sus esfuerzos se dirigieron al teléfono, ingenio que patentó en 1876. Un año después, Thomas A. Edison (fotografía) investigaba la posibilidad de registrar los sonidos del teléfono de Bell cuando se interesó por la posibilidad de grabar el sonido del aire. Su dispositivo, casi idéntico al de De Martinville, registraba las ondas acústicas en papel de aluminio, lo que sí permitía su reproducción posterior. En diciembre de 1877, el mismo mes en que lo patentó, llevó el fonógrafo a las oficinas de Scientific American y escribió: «No importa lo familiarizado que pueda estar alguien con las máquinas modernas y sus maravillosas prestaciones... le será imposible escuchar el habla mecánica sin que le asalte la idea que sus sentidos lo están engañando».

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