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1 de Octubre de 2003
Geología

El oráculo de Delfos

Los griegos de la Antigüedad clásica andaban en lo cierto cuando afirmaban que los vapores procedentes del interior de la Tierra inspiraban a las sacerdotisas.
El templo de Apolo, enclavado en el espectacular paraje montañoso de Delfos, fue el más importante centro religioso del antiguo mundo griego porque allí estaba el poderoso oráculo. Los generales le consultaban sobre estrategia; los colonizadores le pedían consejo antes de partir hacia Italia, España y Africa; los particulares le preguntaban acerca de problemas de salud y de negocios. Las respuestas del oráculo ocupan un lugar muy destacado en los mitos: cuando Orestes preguntó si debía vengarse de su madre por haber asesinado ésta a su padre, el oráculo le animó a ello. Edipo, habiéndole el oráculo avisado de que mataría a su padre y se casaría con su madre, procuró, con el poco éxito que sabemos, evitar su sino.
El oráculo de Delfos actuaba en un lugar concreto, el adyton, un lugar reservado del interior del templo vedado a los profanos; intervenía, por mediación de un ser humano; éste, a la manera de una medium poseída, hablaba por Apolo, el dios de la profecía. Cosa singular en la misógina Grecia, ese portavoz era una mujer, la pythia o pitonisa. Y, a diferencia de la mayoría de los sacerdotes y sacerdotisas griegos, no heredaba su oficio por su parentesco con familias de la nobleza. Aunque tenía que ser natural de Delfos, podía ser vieja o joven, rica o pobre, bien instruida o iletrada. Debía pasar un largo período de intensa preparación, ayudada por una hermandad de mujeres délficas que mantenían en el templo el eterno fuego sagrado.

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