Detectar el alzhéimer a través de la retina

Ciertas pruebas oculares facilitarían el diagnóstico de la enfermedad.

La retina humana, como la de la imagen, podría revelar indicios de la enfermedad de Alzheimer. [Jason Edwards/Getty Images]

En el embrión, una parte del encéfalo incipiente se ramifica y conforma la retina, una lámina de tejido que tapiza la parte posterior del globo ocular. Esto convierte la retina, compuesta por varias capas de neuronas, en parte del sistema nervioso central. A medida que más y más pruebas indican que algunas alteraciones cerebrales se pueden manifestar a través de ella, los especialistas están dedicando más atención a su posible uso como indicadora de los signos iniciales del alzhéimer, una enfermedad neurodegenerativa incurable que afecta a más de 800.000 personas en España y a 10 millones en Europa

Décadas atrás, el alzhéimer solo se podía diagnosticar en la autopsia, tras la muerte del paciente; pero desde inicios del milenio, gracias al progreso científico es posible detectar con precisión los signos de la enfermedad y emprender la investigación de tratamientos años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Hoy, la obtención de imágenes del cerebro mediante la tomografía por emisión de positrones (TEP) y el análisis del líquido cefalorraquídeo (el líquido que envuelve el encéfalo y la médula espinal) facilitan el diagnóstico del alzhéimer en sus etapas iniciales. 

«Ha habido enormes avances en la capacidad de detección precoz», afirma Peter J. Snyder, neuropsicólogo y neurocientífico en la Universidad de Rhode Island. Pero esos métodos de diagnóstico no siempre están disponibles y son costosos e invasivos. La obtención de imágenes de TEP exige la inyección de una sustancia marcadora radioactiva en el torrente sanguíneo, y el líquido cefalorraquídeo debe extraerse mediante la punción con una aguja entre las vértebras de la espalda. «Tenemos que priorizar el diagnóstico de las personas con alto riesgo mediante herramientas de cribado que sean económicas, sencillas y no invasivas», señala Snyder. La retina resulta especialmente interesante, añade, porque está estrechamente vinculada con el tejido cerebral y puede examinarse a través de la pupila con métodos corrientes en la consulta del oftalmólogo. 

Una estrategia para el cribado retiniano consiste en buscar indicios del amiloide beta, el péptido que se agrega en forma de placas dañinas en el cerebro de los enfermos de alzhéimer. Los estudios apuntan a que este fragmento proteico se acumula también en la retina, y existen indicios de que podría ser detectable en su seno antes de la manifestación de los primeros síntomas.

En 2014, Robert Vince y Swati More, del Centro de Diseño Farmacológico de la Universidad de Minnesota, describieron por primera vez el uso de un método que denominaron obtención de imágenes hiperespectrales. Consistía en capturar una imagen a numerosas longitudes de onda para localizar los agregados de amiloide beta en retinas de ratón. A continuación, confirmaron la presencia de esos agregados en el cerebro de los roedores en fases más avanzadas de la enfermedad. Desde esa primera descripción, los equipos de ambos científicos han descubierto que los agregados también servirían como indicador precoz en el ojo humano. 

El equipo ha concedido la licencia de la técnica a una empresa de diagnóstico por imágenes de Canadá, RetiSpec, que la combina con un algoritmo de aprendizaje automático que localiza con precisión los agregados amiloideos en las imágenes hiperespectrales. Investigadores de numerosos centros de América del Norte están llevando a cabo ensayos clínicos para examinar la eficacia de la técnica. 

Los datos preliminares de esos estudios, presentados en una conferencia el pasado noviembre, procedían de 108 participantes con riesgo de padecer alzhéimer, con alzhéimer presintomático o con un deterioro cognitivo leve (que puede ser un signo inicial de enfermedad neurodegenerativa). Mediante la comparación de las pruebas de cribado retiniano con los resultados de la TEP y del análisis del líquido cefalorraquídeo, los investigadores comprobaron que la técnica identificaba correctamente a las personas con amiloide cerebral en el 86 por ciento de los casos, y descartaba con acierto a los no afectados el 80 por ciento de las veces. En opinión de Sharon Cohen, directora médica del Programa de Memoria de Toronto y coordinadora del estudio, los resultados son alentadores, pero matiza que se precisan más datos antes de que se apruebe su uso como instrumento de diagnóstico. «Aunque creo que ese día llegará.» 

Otros investigadores han descrito también la presencia de amiloide en las retinas de personas sin signos de deterioro cognitivo pero cuyas imágenes de TEP mostraban la presencia de placas amiloideas. El neurocientífico Robert Rissman, de la Universidad de California en San Diego, y sus colaboradores están examinando la retina de los participantes en un gran ensayo en curso donde se investiga un fármaco experimental contra el alzhéimer. Antes y después de iniciar el tratamiento, los investigadores miden el amiloide retiniano; primero lo hicieron en un pequeño estudio de viabilidad con ocho participantes, y ahora lo están midiendo en un mayor número de pacientes. Estos datos podrían arrojar luz sobre la evolución del amiloide en la retina y demostrar si el tratamiento reduce su concentración, explica Rissman. 

Asimismo, se están investigando otros signos retinianos del alzhéimer inicial. En un estudio publicado en JAMA Ophthalmology a inicios de este año, sus autores describieron que el espesor de la retina aparecía asociado con ciertos aspectos del deterioro cognitivo. Y el equipo de Snyder ha estado examinando los cambios progresivos en la anatomía de ese tejido, como la regresión de ciertas regiones; los datos preliminares parecen indicar que esos cambios se relacionan con la acumulación de amiloide en el cerebro. Snyder y sus colaboradores analizan ahora esos y otros biomarcadores retinianos, como las alteraciones en los vasos sanguíneos, en el ensayo longitudinal Estudio para un Atlas de Imágenes Retinianas del Alzhéimer (ARIAS, por sus siglas en inglés). 

Si bien el diagnóstico retiniano de la enfermedad se ha abordado con distintos enfoques, Rissman afirma que de momento ninguno ha sido demostrado y advierte de que quedan preguntas sin respuesta, como saber si los agregados que se detectan son realmente de amiloide. Snyder destaca que se sigue debatiendo cuál es el mejor modo de reconocer la sustancia en la retina, a lo que se suma el hecho de que los estudios por imágenes de esos agregados se han saldado con resultados variopintos en distintos centros de investigación. 

Pese a lo anterior, Cohen asegura que «si bien siempre son bienvenidos los trabajos de diferentes laboratorios para confirmar los datos […], ya hay suficientes pruebas de que el amiloide se acumula en la retina y esto no debería ponerse en tela de juicio.» 

La detección precoz y el diagnóstico certero son claves para prestar a los enfermos la atención y el itinerario terapéutico adecuados, por lo que herramientas como el estudio por imágenes de la retina podrían ser de ayuda tanto para el paciente como para el médico en ese periplo, afirma Rebecca Edelmayer, directora de promoción científica de la Asociación de EE.UU. para el Alzheimer. Aunque no se conocen todavía todas las posibilidades que pueden brindar el diagnóstico por imágenes de la retina «vivimos un momento realmente interesante», concluye.

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