Parásitos intestinales

Los «códigos de barras genéticos» ayudan a entender cómo se propagan las lombrices entre los herbívoros.

[Thomas Fuchs]

Si una cabra y un hipopótamo van a beber a un abrevadero de la sabana, quizás acaben compartiendo mucho más que un simple trago. Los parásitos intestinales, transmitidos a través de la comida y el agua, pueden causar daños que van desde un retraso del crecimiento hasta la inanición y la muerte. Para predecir cómo se propagan esas lombrices en lugares como el centro de Kenia, donde confluyen cada vez más los herbívoros salvajes y los domésticos, los científicos tratan de comprender mejor qué parásitos viven en cada especie y por qué.

Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B muestra que los parásitos intestinales son selectivos en cuanto a sus anfitriones: las especies de parásitos relacionadas entre sí tienden a concentrarse en animales con tripas similares. Los investigadores realizaron un análisis químico de 550 muestras fecales de 17 especies herbívoras e identificaron fragmentos de ADN de los parásitos (los denominados códigos de barras genéticos) que les permitieron catalogar las poblaciones de nematodos susceptibles de alojarse en los intestinos de los animales.

Las aproximadamente 80 clases de lombrices que hallaron parecían repartirse entre dos tipos distintos de aparatos digestivos: algunas se inclinaban por los estómagos simples, mientras que otras preferían aquellos compuestos por varios compartimentos, como los de las vacas y los camellos. Incluso las especies no emparentadas, como los elefantes y los burros (que tienen poco en común, más allá de ser monogástricos), presentaban parásitos genéticamente similares, lo cual sugiere que esos mamíferos podrían infectarse unos a otros.

Saber qué lombrices viven en qué animales ayuda a los ganaderos y a los expertos en conservación a controlar la propagación de los parásitos. En Kenia, las estaciones secas son cada vez más largas, lo que ha llevado a un buen número de granjeros a cambiar el ganado vacuno por animales que toleran mejor las sequías, como los camellos. Aunque, desde el punto de vista genético, los camellos son muy diferentes de sus nuevos vecinos de la sabana, parece que comparten parásitos con multitud de especies salvajes y domésticas, sobre todo con las vacas. Y el 90 por ciento de los camellos analizados tenían parásitos, cuando la media en otras especies poligástricas ronda el 65 por ciento.

«No sabíamos que hubiera tantos camellos infectados, ni que compartieran parásitos con tantos animales salvajes», admite Georgia Titcomb, ecóloga experta en enfermedades de la Universidad de California en Santa Bárbara y primera autora del artículo. A partir de estos resultados, se ha decidido desparasitar a los camellos de la zona estudiada para proteger a animales como las jirafas, cuya población está disminuyendo.

Las lombrices intestinales suelen identificarse mediante procesos lentos y costosos, que implican sacrificar animales o examinar las heces al microscopio en busca de huevos. Sin los códigos de barras genéticos, Titcomb y su equipo no habrían obtenido una imagen tan completa de la población de parásitos.

«Creo que son las herramientas perfectas para abordar este tipo de cuestiones, como qué factores determinan la composición de las comunidades de parásitos», señala Sebastién Calvignac-Spencer, ecólogo de enfermedades del Instituto Robert Koch de Berlín ajeno al estudio, pero que emplea los códigos de barras genéticos para estudiar los virus de los mamíferos. Ambos investigadores confían en que este método se popularice entre los parasitólogos.

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